El Camino de
Santiago está al alcance de todo el mundo, siempre que se sepa
dosificar el esfuerzo en función de las posibilidades físicas. Tendrás
que entrenarte realizando caminatas cada vez más largas, con la
mochila cargada para así ver que cuando pesa, lo “imprescindible”
deja de serlo.
Mochila:
Debe ser cómoda y ligera, de tipo anatómico con correas en cintura y
pecho. Al cargarla hay que colocar lo más pesado al fondo y lo más
próximo a la espalda, no llevar nada colgando. Si tu mochila no tiene
protección para lluvia, coloca tu ropa dentro de bolsas de plástico.
Y sobre todo no pases nunca de los 6 kg.
Saco
de dormir: Es imprescindible que sea ligero y apropiado para el
verano. También es necesaria una esterilla o aislante.
Calzado:
Un par de botas cómodas y unas chancletas para la ducha. Recuerda que
tienes que haber usado antes las botas y que deben dejar transpirar el
pie. Calcetines de algodón, hilo... pero nunca de licra ya que no
dejan respirar al pie.
Ropa:
Poca, dos juegos de cada pieza, un yérsey, pantalón largo y
chubasquero o capa de lluvia. También un sombrero o gorra,
imperdibles, pinzas de tender, linterna, una bolsa de detergente,
crema solar y una bolsa de aseo ligera, recuerda con el jabón lagarto
puedes lavar la ropa y ducharte. Con una toalla de ducha es
suficiente.
Otros
Consejos: No te olvides de la cartilla de la
Seguridad Social. Y si tienes alguna medicación personal inclúyela
en tu equipaje.
Al caminar
ten en cuenta que todo el Camino está marcado con flechas
amarillas... síguelas.