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Desde el 15 de enero tenemos en el
centro de formación de la misió n
una sesión de alfabetización en bariba para las mujeres. Este año
hay tres grupos y más o menos en cada grupo hay diez personas. Hay
desde las que no saben nada de lectura ni escritura hasta las que
repiten la experiencia del año pasado.
El pasado 25 una de las mujeres, que se llama
Clemantini y es de Taku, se puso enferma y no se podía
mantener en pie. Vinieron a vernos y decírnoslo casi a las dos de
la mañana y enseguida la llevamos al hospital del pueblo. A la
mañana siguiente sobre las 11, vi que las mujeres estaban en la
puerta del centro todas en silencio y pensé que algo había pasado
y que seguro no era bueno. Les pregunté y me dijeron que
Clemantini había muerto esa misma mañana. Todo era silencio
pero no había ninguna lágrima. Aun no se sabía exactamente de que
había muerto pues el hospital no había dado los resultados de los
análisis. Al final nos dijeron que había muerto de meningitis.
Al medio día llevamos el cadáver a su pueblo
y a las seis de la tarde celebramos el entierro. La ceremonia
empezó en la casa de
Clemantini.
La sacaron envuelta en un paño blanco, la pusieron en el suelo
encima de una estera y allí hicimos la primera oración. Enseguida
la cogieron y la llevaron a donde habían cavado la tumba que se
encontraba detrás de la casa
La tumba tiene dos apartados o agujeros. Uno
dentro del otro que es donde fue depositada Clemantini.
Mientras la ponían en el agujero más interno rodearon tumba con
paños y no se podía ver nada hasta que ya la colocaron en su
sitio. Después pusieron encima pero sin tocar el cuerpo palos y le
metieron las trenzas que ella llevaba y que se las habían cortado,
además de un huevo roto por una parte, dos trozos de tela y dos
calabazas viejas y encima hojas. Después echaron agua mezclada con
barro y a continuación toda la arena. Todas las hojas de la madrea
cortada, la caña que había servido para medir la longitud de la
tumba, las calabazas viejas utilizadas para echar arena y
amontonarla. Todo lo que había servido para hacer la tumba o que
había sido utilizado durante el enterramiento y que tuviera que
ver con la muerte, todo iba a la tumba. Nada que haya tenido
relación con la muerte debía quedar fuera de su lugar, de la
tumba.
Después de la ceremonia y de enterrarla
fuimos a ver al marido que no había estado en la ceremonia (cosa
normal en la tradición bariba) y después de los saludos de “rigor”
ellos empezaron a hablar y a dar ánimos al marido, a decirle que
tenía el cariño y el apoyo de toda la comunidad, y a hacerle
comprender que la paz debía seguir en su vida. El marido al igual
que los otros pronunciaba estas frases de esperanza y de paz hacia
los demás y los demás hacia él.
La tristeza y la “sorpresa” seguía en todos
días después de haber enterrado a Clemantini. Todos
pensábamos en ella. Una chica joven, acompañada de su pequeña
hija, que había venido al centro a aprender a leer y que de la
noche a la mañana ya no estaba entre nosotros.
Isidro Muñoz, sma |