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Diario de misión:                    

Gbesassi II o la Torre de Babel. 

Gbesassi es un pueblo que está de Kalalé a una media hora o algo más por pista, no sé cuántos kilómetros. Se llama Gbesassi II, porque fueron gentes de Gbesassi, otro pueblo de Kalalé, los que se instalaron allí. Así que son Bokos, los que se asentaron para cultivar la tierra, pero rodeados de campamentos Peuhl. Al norte de Kalalé, la distancia entre los pueblos aumenta, la población es menor, y la tierra para cultivar está a disposición del que la trabaja. Así, esta tierra frontera con Nigeria, atrae a pueblos con otros aires, culturas y costumbres. Son los Kambarí. En Gbesassi II se instalaron para   cultivar el campo, y son distintos. No solo por la lengua, la suya es el Kambarí, pero se entienden con otros en Hausa, lengua y cultura más extendida.  

Siempre al llegar al poblado, tengo la impresión de estar en un lugar único, en estrecho contacto con las gentes que allí se encuentran, la naturaleza y Dios. Me parece que todo va a suceder solo entre nosotros, que no va a haber ruidos ni interrupciones extraños. Las mujeres llevan los dientes afilados, se adornan con aros en la nariz y gustan de colores vivos. Trabajan como los hombres, dicen los de la tierra, es decir, cultivan el campo como ellos; cargan la leña y el agua a la espalda, en vez de hacerlo sobre la cabeza, utilizan muchos cacharros de barro, los plásticos y viles metales de Nigeria, India o China no se ven en sus casas. Son buenos constructores de graneros y casas, todo de adobe pero hecho con una tradición esmerada, en redondo, cuadrado, con decoraciones… Utilizan algunos el camello (Racumi, es de las pocas palabras que he aprendido) para cultivar y cargar. Y como todo el que no tiene nada o muy poco, son limpios. 

Empecé a venir aquí desde el primer año, este es el tercero. No ha sido nunca una visita muy constante, unas veces por mí y otras por ellos; el paludismo, el cansancio, los viajes, y por su parte, claro, el trabajo del campo, que es por lo que están aquí. Cuando salía de la Misión, me despido siempre: Me voy a la Torre de Babel. Al principio nuestra comunidad estaba formada por el presidente (Boko), que hablaba con dos hombres de Nigeria en Baribá, que eran los que dirigían la oración en Hausa para los Kambarís, que conmigo se comunicaban en Inglés y yo a mi vez con François, nuestro traductor Boko, Bariba y Peuhl, en Francés; además se acercaba un joven bohemio peuhl, al que al terminar las explicaciones y comentarios, le hacía François un resumen de todo lo que habíamos hablado.  

El otro día fuimos a la oración y nos les encontramos en el campo antes de llegar al poblado. Una escena inolvidable. El presidente, el único de la tierra, los agricultores Kambarís con la azada al hombro, en un grupo y los ganaderos peuhl, de Nigeria también, con el machete, en otro grupo, y un agente de extensión agraria (es lo que se me ocurre como traducción), que solo hablaba francés, intentando tomar nota para hacer un informe sobre el conflicto: unos bueyes que habían dañado el campo. Al llegar nosotros, el presidente, aprovechó el don de lenguas de François y le pidió que transmitiera el siguiente mensaje al agente: dile que se vaya a Gawenzi, el pueblo más próximo, y que venga con alguien que hable francés, hausa y peuhl, que unos y otros se están mosqueando, creen que les intenta engañar a unos y a otros. Miré a aquellos hombres sencillos, acogedores y simpáticos conmigo, pero con intereses dispares, y armados con sus herramientas de trabajo. Afortunadamente, nos despedimos pacíficamente y nuestros agricultores se montaron en la parte de atrás del coche. Una vez en el poblado, esperamos a que se prepararan para hacer la oración. 

Dejo en manos de Dios todo lo que pasa entre nosotros, ya que me sobrepasa como un Misterio más. Dejo en manos de Dios la conversión de esos corazones y la mía propia, ya que yo no puedo ni por asomo usar la inteligencia para entenderlo; es la simple presencia, la respuesta a una llamada, lo que hace que tenga siempre presentes a esas mujeres, esos niños y esos hombres. Son tímidos y prudentes, pero  acogedores y sencillos, esto aquí se da por supuesto.  

Ahora los bohemios nos abandonaron y con ellos, la comunicación se vio disminuida, si cabía; quedamos con el presidente Boko, que intenta lo que puede en Hausa, y los Kambarís. Últimamente vienen dos hombres y unas cuantas mujeres y niños. El hermano mayor de uno de ellos es cristiano, se formó en una misión SMA de Nigeria. Al emigrar, transmitió su fe a sus hermanos, y como saben leer, leen la Biblia en Hausa. Pero ahora está casi siempre fuera. Ni que decir tiene, que no hay ningún bautizado. La capilla ha ido cambiando año tras año tras la estación de lluvias. Es de un solo uso, así que no es siempre igual. El otro día cargamos un banco, hecho de ramas, demasiado de mujeres y niños, y se nos vino abajo; con gran regocijo por parte de todos, lo colocamos y nos volvimos a sentar. 

Satur ha empezado a ir a otros dos poblados cercanos, de Banenzi y Bekona, con comunidades de Kambarís. Me dicen siempre que saben rezar muy bien los críos y que son más participativos. Se me ocurrió que podríamos juntarlos para que se animaran los unos a los otros, se enseñaran las oraciones y canciones. Dicho y hecho. Hemos organizado el primer congreso Kambarí en Bassó, como dice Satur, el día 12 de enero. Allí cantaremos, rezaremos y comeremos, y… ya os contaremos.

                                                       Lola Agundez

agundez@misionesafricanas.org

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