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Diario de misión:
TAMBIÉN
QUEREMOS EMPEZAR
La semana
pasada comencé en dos nuevas comunidades, interesadas ambas en el
camino de Jesús. Os explico como pasó todo.
Una de ellas es
Basi, a unos 8 km de Buka. Un joven se me acercó el domingo, a la
salida de misa:
-
Padre, hace varios domingos que vengo a la oración. Y nos
gustaría, en el pueblo en el que estoy, comenzar una comunidad
cristiana. Hay un grupito interesado, de unas nueve personas. Yo
hablo en nombre de ellas, pues soy el único que tiene bicicleta
para desplazarme y hacer la propuesta.
Se trata de
Sergio, un joven maestro, que apenas si lleva dos años en Basi.
Salió de su región, Abomey, a la aventura, y lo hizo junto a sus
dos hermanos pequeños, y tras muchas peripecias consiguió plaza de
maestro en ese pueblecito perdido del Borgou. Apenas si llevaba 10
euros en el bolsillo cuando dejó su casa. Se presentó al examen
que le podía dar acceso al trabajo, pero no tuvo suerte de
inmediato. Durante tres meses, él y sus hermanos vivieron al raso,
sin casa alguna y trabajando acá o allá para poder llevarse algo a
la boca. Finalmente le dieron plaza en Basi, en dónde ahora es
maestro de primaria. Tiene su casita pequeña, y allí vive junto a
sus hermanos. Él da las clases y ellos van al campo. En sus
primeras vacaciones visitó a sus padres en Abomey, para que, según
me dijo, comprobasen que estaba vivo. Lo hacía al cabo de año y
medio.
-
¿Y qué camino he de tomar?, le pregunté.
-
Cuando llegues a Gbesasi Buka, tuerces a la izquierda,
atraviesas el pueblo y sigues todo recto, no tiene pérdida.
-
De acuerdo, el jueves a las cinco y media estaré allí.
-
Gracias Padre, lo esperaremos y lo recibiremos con alegría.
Pero como la
orientación no es mi fuerte, al llegar al pueblo que Sergio me
indicara, me paré junto a un grupo de jóvenes, para asegurarme que
elegía el camino correcto.
-
Sí, me dijeron ellos, todo recto llegarás a Basi. Pero
tenga cuidado que el camino no es demasiado bueno.
-
Gracias por vuestra información. “Gusuno u bee baruka duke”
Y que Dios os bendiga.
-
¿Es usted el Padre de la Misión? Lo hemos visto pasar por
aquí cuando hace deporte.
Efectivamente,
suelo pasar por Gbesasi Buka, cuando salgo a correr.
-
Si, soy yo. Y justamente ahora voy a encontrarme por vez
primera con las gentes da Basi que quieren comenzar la comunidad
cristiana.
-
También nosotros queremos empezar.
-
¡Me habláis en serio!, les dije algo sorprendido.
-
Completamente. Ya nos rondaba en la cabeza la idea de ir a
la Misión para reclamar vuestra presencia. Pero parece que Dios os
ha puesto hoy en nuestro camino para que no nos demoremos más en
conocer a Jesús.
-
¿Y por qué queréis conocerlo?
-
Porque hemos oído por ahí algunas de sus palabras, y son
muy dulces. Y queremos que nuestro vientre rebose alegría
conociéndolo en profundidad. También sabemos, que las comunidades
que en su nombre se reúnen, se perdonan con facilidad y ayudan a
todo el mundo, aunque no sean cristianos.
-
Muy bien, el sábado de la próxima semana pasaré por aquí y
ya charlamos con más calma y nos organizamos.
Y por fin
llegué a Basi. Allí me esperaba Sergio. Los niños que salían de la
escuela me rodearon y no dejaban de saludarme ni de mirarme. Sus
ojos enormes de asombro estaban cargados de vida y de sencillez.
Era un ejército enorme de ternura de estatura baja y de corta
edad.
Al cabo de
treinta minutos nos reunimos en una de las aulas. Nos presentamos
todos, en total unas doce personas.
-
¿Por qué queréis conocer a Jesús?, fue mi inevitable
pregunta.
-
Porque su camino es el camino del perdón y del amor, y
porque sus palabras tienen vida, y tienen luz. Y nosotros queremos
esa luz para nuestras vidas.
-
¿Conocéis la oración de Jesús, en la que a Dios se dirige
llamándolo Padre?
-
No, no la conocemos.
Y fuimos
rezando el Padre Nuestro por vez primera. Yo les explicaba cada
una de sus frases con detalle. Y les decía que desde esa oración,
accedíamos al pensamiento del mismísimo Jesús y también al de
Dios. Ellos seguían con interés, y corroboraban en sus corazones
que, efectivamente, sus palabras tenían vida y eran luz, y que esa
luz la querían para el camino de sus vidas. Fue mi primera
catequesis.
-
El próximo jueves estaré nuevamente con vosotros para
seguir hablándoos de Jesús de Nazaret.
-
Aquí estaremos, Padre. Y que Dios te proteja en le camino
de vuelta.
Y en el camino
de vuelta resonaban en mi cabeza tanto las palabras de los jóvenes
de Gbesasi Buka como las de la comunidad de Basi. Querían conocer
a Jesús porque sus palabras eran vida, eran luz, eran dulces al
vientre. Y porque sus seguidores eran capaces de perdonarse y de
ayudar a todos. Nuevamente caía en la cuenta de que los pobres
volvían a evangelizarme.
Ojalá
tuviésemos todos el mismo interés por el evangelio. Ojalá los
poderosos, y los que manejan los hilos de las macroeconomías de
este planeta, pensasen que las palabras de Jesús son dulces en el
vientre, y ojalá que se dejasen afectar y evangelizar por los de
abajo, por los que nada cuentan ni en sus números ni en sus
planes.
Desde Buka, un
abrazo a todos, y que el evangelio siga abriéndose paso entre
estas gentes.
Paco Bautista
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