SOCIEDAD DE MISIONES AFRICANAS

Diario de misión:

El camino que lleva  a Belén

He llegado demasiado pronto. Estaban barriendo la plaza donde tendremos la Eucaristía y reunión a la sombra de los karités. Traen unos sillones de cuerda de plástico y me siento en uno de ellos a esperar con el airecillo todavía juguetón que se lleva el polvo que levantan las barredoras. Los ciegos siguen medio tumbados al pie de los árboles, uno de ellos debe ser antiguo leproso. Biño, una prenda morena de apenas tres años canturrea un cántico haciendo acrobacias para que me fije en ella, pero cuando le digo que me cante algo, no canta, y si le digo que se le ha olvidado o que no sabe, se contorsiona, se muerde la lengua y me deja plantado.

Entonces aparece Bio arrastrando con determinación una pierna, su brazos atrofiados y su cabeza inocente. Su rostro es sereno y cuando abre la boca para saludarme sus dientes destartalados se ríen del lucero del alba, del harmatam y se le cae la baba. Se sienta delante de mí y espera como yo a que llegue la gente.

Y van llegando despacio y con mesura. Uno de los primeros es Esteban, otro ciego, de Kpoto, no sé como se las arregla por estos caminos que cambian a diario con su bastón  de hierro del seis que le precede como una antena. Detrás viene su presidente. Andrés coge su tambor parlante, se lo coloca debajo del brazo y lo tantea dándole unos golpes con un palillo curvo y dice que se va a buscar a las mujeres, que van con mucho retraso, y toca y toca y toca con un ritmo intermitente pregonando puntualidad y apremio hasta que se pierde por entre las chozas.

Aparecen dos ancianos que representan a los de Somkpereku, también hace acto de presencia el presidente de Gomkparu que me saluda muy ceremonioso y se sienta a mi lado. Las mujeres van terminando sus quehaceres domésticos y se acercan pausadamente con sus taburetes sobre la cabeza y van instalándose formando un corro amplio y, mira por dónde, alrededor de Bio que se queda en el centro como una referencia ineludible.

Ya vuelve Andrés de su recorrido. Nos reunimos unas cincuenta personas de cinco o seis pueblos de la comarca. Dentro de poco será Navidad y hay que preparar la fiesta porque la vamos a celebrar juntos.

-         No sé los que vendremos de Gomkparu, somos pocos...

-         Pues, no somos tampoco muchos los de Kpoto.

-         No importa, con tal de que lo celebremos juntos...

Mientras van hablando unos y otros, yo me fijo en Bio, imagen de la nada en medio de nuestros proyectos y recuerdo los pueblos de Pereré y sus comunidades, muchas formadas por gentecilla rota o marginada o forastera y me digo que ese debe ser el camino que lleva a Belén porque no puede haber mayor esperanza que la de estos hombres y mujeres capaces, más que ninguno, de hacer que las nubes lluevan al salvador.

Rafael Marco

 

 

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