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Ha sucedido en Porgà, (Benin) un pueblecito
frontera con Burquina Faso, a 50 km de Tanguieta. 
Un camión cisterna volcó y , como es
habitual, todo el pueblo, jóvenes sobre todo pero también adultos
y niños, se precipitaron con sus botellas y bidones a recoger la
gasolina ; luego la venderían y podrían comprar las cosas que
siempre les falta : unos comida, otros los cuadernos del próximo
curso…nada importante para nosotros pero para ellos tanto que
incluso se enfrentaron con los guardias que querían evitarlo.
Oscurecía ; algunos ya habían hecho varios
viajes. Alguien - la ignorancia- llevo una lámpara de petróleo
para alumbrarse…Y todo estallo. En unos instantes el caos :
cuerpos corriendo en llamas , otros ya calcinados ; gente
quemándose por salvar a los demás.
Eran las diez y media de la noche cuando
llamaron al hospital pidiendo un camión para transportar a los
heridos. Los hermanos salieron de inmediato. A las once llegaban
los primeros y entonces el caos fue aquí, en casa. Llantos y
lamentos que te dejaban sin habla, ordenes y contra ordenes…Pronto
nos fuimos organizando : dar calmantes a los heridos y
clasificarlos : los que iban a morir pronto a un salón, los muy
graves a la escuela convertida en hospital ; los que tenían más
posibilidades al quirófano y a las camas que quedaban libres en
los diferentes pabellones.
La noche se junto con el día casi sin darnos
cuenta, los enfermeros que se iban enterando llegaban a ayudar o a
reemplazar a los que estaban agotados. Todos encontramos en qué
ayudar, como colaborar. Había que curar, si pero también era
necesario limpiar, dar agua a médicos y heridos, preparar sábanas
y ropa limpia, transportar a los quemados, retirar a los muertos
Era el día de la Ascensión del Señor y en
verdad muchos fueron subiendo con El a la Casa del Padre. Otros
lo harían después.
Han pasado cuatro días y todo se va
calmando. Es tiempo de hacer balance aunque sea incompleto : 85
muertos (56 en el hospital), 30 heridos, algunos graves a los que
les aguardan muchos sufrimientos, 84 huérfanos, dolor, mucho
dolor.
En el hospital, en nuestra comunidad, la
« satisfacción » de haber podido ayudar se mezcla con el
sentimiento de impotencia al ver como se van yendo y no poder
hacer nada más, la oración en la que encontramos consuelo y el
deseo de compartir con vosotros esta experiencia terrible y
aleccionadora al mismo tiempo y pediros una oración por los que se
han ido y por los que quedan aquí, en un pueblecito que ha perdido
la alegría.
Cristina Fernández, Hna. Teatina
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