SOCIEDAD DE MISIONES AFRICANAS

 Diario de misión:  

Comienzos en Gumori

   Capilla de Gumori

 

Nuestro compañero Guillermo se ha lanzado en una nueva aventura al comprometerse en lanzar una nueva parroquia fruto de la División de la de Banikoara donde trabaja Rafael Marco. Aquí nos cuenta sus primeros pasos.

 

Hace varios meses que llegué a Gumori para

 abrir una nueva parroquia en la diócesis de Kandi, al norte del Benin. Gumori es un pueblo situado en una pista de tierra que comunica los pueblos de esta zona, dedicados en gran parte al cultivo del algodón. Cuando pasé por esa pista pude llegar sin dificultad, pues hacía días que no llovía y la pista estaba seca. A pesar de todo, tardé casi tres horas en recorrer esos cien kilómetros de pista, porque está llena de agujeros. Pero si ha llovido, la pista se convierte en un barrizal, y resulta difícil circular en coche, pues las ruedas se hunden en el barro.

 

Estoy alojado en la antigua casa que construyó hace unos cuarenta años el primer misionero que visitó esta zona. Es una pequeña casa construida con ladrillos de barro, y con un doble techo para proteger del calor. El techo lo forman dos capas de plancha galvanizada, dejando entre ellas una cámara de aire como aislante. En esa cámara de aire se han metido los murciélagos, y tengo que compartir la casa con esos inquilinos tan molestos. Ellos habitan en el techo, y yo en la planta baja. De cuando en cuando se oyen los chillidos de los murciélagos, y al atardecer se desplazan por las planchas buscando una salida y hacen ruido por todo el techo.

 

En la casa he puesto unos puntos de luz solar, y dos bidones de cien litros para tener agua; un bidón con agua turbia del pozo, que utilizo para lavar, y otro con agua limpia de una bomba para la cocina. Las mujeres me traen el agua del pozo que está en el terreno de la misión, y yo traigo el agua de una bomba manual que hay en el pueblo. Me voy habituando a reutilizar el agua, recogiendo el agua de fregar o de lavar para luego regar la pequeña huerta que tengo en casa. El agua escasea en esta zona, y en los meses más secos el nivel de los pozos desciende mucho.

 

La gente me ha acogido muy bien, pues deseaban hace mucho tiempo que Gumori fuese una parroquia y que hubiese un cura residiendo en el pueblo. Hay una comunidad cristiana con más de doscientas personas, que ha sabido perseverar en la fe, incluso en los tiempos difíciles en que los misioneros apenas podían visitarla. El primer misionero, el padre Herel, llegó a este pueblo hace cuarenta años. Venía de la misión de Banikoara, que está a veinticinco kilómetros de distancia, y pasaba por aquí varias veces al año, pues la misión de Banikoara era muy extensa y tenía que visitar muchos pueblos.  Construyó esta casita, y aquí se alojaba cuando recorría los pueblos de esta zona.

 

He visitado a todos los notables del pueblo: el delegado, el alcalde, el jefe del distrito, el jefe da la tradición, el imán de la mezquita, los directores de las escuelas, y los enfermeros del dispensario. Todos me han deseado que pueda estar muchos años en Gumori trabajando por el bien del pueblo. A todos les he dicho que espero que el Señor me dé la fuerza para cumplir esta misión que me ha confiado.

 

Guillermo Moret

 

 

Diario de misión

 
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