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Diario de misión:
Inauguración de la misión de Buka
Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los
ojos al cielo, bendijo y partió los panes y se los entregó a sus
discípulos para que se los sirvieran, y los dos peces los repartió
entre todos. Comieron todos y se hartaron y recogieron doce
canastos llenos de las sobras de los panes y de los peces (Mc 6,
41-43)
Álbum de fotos
Cuando el pasado 16 de abril ya nos volvíamos a casa terminada
toda la celebración y la comida, se me acercó el presidente de la
pequeña comunidad cristiana de Buka y me dijo:
-
Padre, todo el mundo ha comido hasta la saciedad. La
gente está muy contenta. Y aún ha sobrado algo de comida.
Yo pensé en las comidas que Jesús tenía con las gentes sencillas,
y en lo importante que es compartir para que el pan llegue a
todos. Y el día de la inauguración de Buka se había conseguido. Se
dio de comer a las delegaciones cristianas que venían de los
pueblos de la Misión naciente así como a todas las autoridades
tradicionales y políticas de Buka, en total unas ciento cincuenta
personas. Todo lo organizó la misma comunidad cristiana, aunque
contaron con la ayuda económica de los compañeros de Kalalé y la
nuestra.
Para los pobres, comer y hartarse no es algo banal. A diario
sufren la penuria y la precariedad a todos los niveles, el
nutritivo inclusive. Aquí no se encuentran clínicas de
adelgazamiento, ni les preocupa tener unos quilos de más, sino que
el maíz y el ñame les llegue a todos para poder vivir y seguir
adelante. Sin el pan nuestro de cada día, sin el estómago lleno,
qué difícil y qué osado caminar y creer, y aún así ellos lo
consiguen. No me preguntéis cómo.
Por lo tanto, la fiesta fue un signo de la alegría compartida,
porque tenemos a un Dios que nos quiere, y porque hay unos
blancos, a los que llaman Padre,( decían de Isidro y de
mi) que se instalan entre nosotros para hablarnos de Dios y
hacer el bien.
Después de esta introducción, un poco larga, os diré como
transcurrió el día.
La misa la celebramos en la explanada de la Nueva Misión. Hora
prevista once de la mañana. Desde las diez los cristianos de Buka
y de los pueblos venidos de los alrededores cantaban y animaban
incasablemente. A las once de la mañana el obispo aún no había
llegado, ni a las once y media, ni a las doce menos cuarto.
Finalmente a las 12 vimos aparecer su coche y ya pudimos comenzar
la celebración: El hombre propone, Dios dispone y el diablo se
interpone, se excusó Clet Feliho, que había pinchado en el
camino. Pero en ningún momento decayó ni la alegría ni la
animación de la gente. La paciencia es una de sus grandes
virtudes.
La parroquia de Kalalé estaba a punto de dividirse en dos, y
nosotros ( Isidro y yo) tomábamos el relevo de los compañeros de
Kalalé con ilusión y responsabilidad y siendo conscientes del buen
trabajo de nuestros predecesores. Monseñor Clet leyó el decreto de
creación de la nueva Misión y nos nominó a Isidro y a mi como
responsables directos de la misma. En su homilía dijo a la gente:
"Isidro y Paco están aquí para serviros a todos,
son sacerdotes para todos, y al servicio de todos, sin distinción
de religión ni de razas. Su tarea es lavaros los pies y en el
nombre del Dios de Jesucristo estar a vuestro lado. Ellos no
vienen a enriquecerse, ni como funcionarios o políticos, sino como
hombres de Dios. Acogedlos y amadlos, pues ellos están aquí porque
os aman."
Menudo proyecto y menuda responsabilidad. Ojala que el Señor nos
ayude. ¡Seguro que si!
Y después fue la comida, de la que ya os hablaba al principio, y
las danzas, y el tamtan que sonaba infatigable.
Y poco a poco la gente es fue marchando a casa, satisfecha y
contenta. Nosotros echamos una mano a la comunidad a recoger las
cosas y a dejarlo todo en orden. Así terminó el día. Serían las
cinco y media de la tarde.
Y ahora llega el momento de la verdad. Estas gentes tienen
hambre, no solo del pan cotidiano, sino de toda Palabra que pueda
salir de la boca de Dios. No conocen a Jesucristo, pero ya
comienzan a acercarse a él. A nosotros nos toca anunciar el
Evangelio, proclamar la Gran Noticia de que , en nombre de Dios,
aún es posible un mundo de hermanos. Y estamos dispuestos a
recorrer los caminos, las veredas, los senderos, los vericuetos de
esta tierra roja y maternal. Y así, en coche, en moto o a pié nos
acercaremos a esta gente humilde y sencilla que ya son nuestra
familia.
Desde Buka un abrazo fraterno, de Isidro y mío. Y en este año en
que celebramos 150 años de servicio a los pueblos más abandonados
de África, la SMA de España aporta su granito de arena con el
proyecto de Buka. ¡Que el Resucitado nos ayude a ser sus testigos,
a vosotros y a nosotros!
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