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No podemos decir que la Pascua sea un momento de equilibrio, la
vida y la muerte juegan una pulseada a veces incomprensible para
los que no tienen fe y aun teniéndola es complicado hacer un
balance de lo que se vive en tan poco tiempo.
Dios se adentra en el colmo de las humillaciones y explicar esto
a quienes se acercan por 1º vez a la fe es un tanto difícil.
El
Jueves Santo me tocó un pueblo de gente del norte del Benin, en
Diko, no hay ningún bautizado y es una comunidad que quiere
ser cristiana pero no tienen líder ni catequista que los guíe.
Partimos con un traductor de su etnia, Néstor un Ditamarí muy
bien formado que está dispuesto a ayudarlos.
Cuando llegamos a el cruce del pueblo me entero que era su día
de mercado, se me vino el alma a los pies… es el momento cumbre
en la vida social y comercial de esta gente, nadie se pierde el
mercado, ahí se compra y vende y mucho más, es un espacio de
socialización, intercambio, encuentro…
¡Estamos buenos! pensé, nadie me hará caso, empezamos mal, no
importa me consolaba, de todas maneras lo intentaré, la gente
está avisada… Al llegar al lugar de reunión otra vez la duda,
en el mismísimo árbol donde se reza se hace el mercado,
inevitablemente estábamos todos juntos y revueltos en dos
actividades tan distintas.
Alzando la voz anuncio la celebración de la Ultima Cena de Jesús
y del Lavatorio de los pies y les digo que sin molestarnos nos
dividiríamos en dos, los cristianos que quieran rezar por este
lado y del otro los que están en el Mercado… procurando no
molestarnos mutuamente.
Para mi gran sorpresa todos se vinieron a rezar, nunca en ese
pueblo fueron tantos en una reunión de oración, en lugar de ser
un obstáculo ¡el mercado ayudó!
Ahí arrancamos con cantos, la lectura de la Palabra de Dios y
el comentario entre todos de lo que podía significar aquello.
Nueva incertidumbre: ¿como hacer el lavatorio de los pies? Dado
que no conocía quien era quien, decido elegir doce personas al
azar y que sea lo que Dios quiera. Lo importante es el gesto de
servicio y humildad que Jesús tiene con los suyos y que seamos
capaces de repetirlo en nuestras vidas.
Los viejos primero como es costumbre en África, pero también
los niños y las mujeres, poco a poco y entre cantos fuimos
cumpliendo con los gestos de Jesús, lavamos en verdad a gente
descalza, no se simuló un rito, lavamos porque pisamos la tierra
y estamos sucios, la gente no tiene zapatos, no los usa en su
mayoría y el agua es un bien que escasea por las aldeas y en
esta época de sequía más.
Al terminar noto que Néstor se sonreía y me miraba… y muy
despacio me dice: ¿sabe a quien lavó los pies?
Resulta que entre los elegidos había musulmanes y paganos que
con todo respeto no solo siguieron la celebración sino que
participaron activamente en ella, pues les lavé los pies.
Dios tiene sus caminos y sus métodos, con eso no contaba yo.
o Muñoz, sma |
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Diario de misión
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