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Noticias de Banikoara |
Rafael Marco
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El harmatam cubre todo de polvo y el monte de ceniza cuando, al principio de la Cuaresma, la vamos a recibir sobre la frente en signo de conversión
Domingo por la tarde. Es el rato más apropiado para escribir alguna carta si el cansancio no ha dejado demasiada huella. Hace tiempo que no lo hago. No he podido ni me encontraba dispuesto; sin darme cuenta me he visto envuelto en una actividad vertiginosa: la apertura del dispensario de Arbonga, la excavación de varios pozos y la construcción de un centro de formación sin contar la visita a los pueblos, reuniones, celebraciones etc.. Todo ha venido junto, pimpante, con exigencias y premura. Recibimos la visita de unos amigos de Sevilla: Román, Antonio, José Luis y otro Antonio. Venían para trabajar, querían trabajar. Me lo dijeron en varias ocasiones, y como teníamos esos proyectos en el aire, era la ocasión que ni pintada para emprenderlos. Habíamos recibido el material hidráulico que nos financió Manos Unidas y ellos eran hombres expertos en la materia, del ramo de la construcción. El dispensario de Arbonga nos salió al paso de forma inesperada, en una zona de unos 15.000 hab. donde no existía ninguna atención médica ni farmacia, nos pareció insoslayable asumir su servicio después de haber pedido consejo e información a unos y a otros. Los amigos trabajaron recio, desde la mañana a la tarde, procurando dejar la obra lo más adelantada posible. Ellos se fueron y seguimos lo que emprendieron, pero ya estaba el plan definido y el ritmo adquirido, sólo quedaba mantenerlo. Ya hemos terminado dos pozos y el pabellón principal del centro va ya por el tejado. Hemos empezado también la experiencia de las comunidades de base. Decidimos iniciar esta vía pastoral, recomendada por los obispos de África en el Sínodo africano de 1994 y en el de Parakou de 1999.. El tiempo de Cuaresma nos pareció ideal para ir poniendo las primeras bases. Pensamos en hacer una celebración en cada uno de los seis barrios de Banikoara.
Una fe viva y compartidaAntes, tuvimos un encuentro con el comité pastoral y los miembros del consejo de Caritas a los que les expuse la idea (ya me habían oído hablar de ello en otras ocasiones) y les pareció bien, pero tampoco mostraron un entusiasmo contagioso. A ver. No tienen costumbre de hablar mucho en las reuniones, ni de participar en los proyectos, están más a la expectativa y a verlas venir. La primera celebración la tuvimos en casa de Innocent, un mecánico grandullón y bueno como él solo. Era sobre la cruz. Había unas 40 personas, entre ellas muchos jóvenes. El dueño de la casa nos dio la bienvenida y pusimos la cruz parroquial sobre una estera en medio de una asamblea atenta y orante.. Leímos el Evangelio: “El que quiera seguirme que tome su cruz y que me siga. El que quiera guardar su vida, le perderá...”. Lo comentamos ampliamente y seguidamente pasamos a adorar la cruz. El que quiso dejó un papel escrito con su plegaria, la expresión de sus dificultades y dolores, mientras cantábamos un cántico de esperanza. Al final, el dueño de la casa nos dio su bendición y al salir nos purificamos con agua dispuesta en el umbral de la casa. Se había creado un clima de recogimiento notable y las palabras que se dijeron fueron bien meditadas y densas: es el símbolo del amor, es la invitación al sacrificio. Los papeles con la oración de una veintena de personas los guardamos para la ceremonia de Viernes Santo para quemarlas con las de los otros barrios como una oración comunitaria. En el mes de Mayo volveremos otra vez sobre lo andado y será la imagen de Maria la que haga el recorrido. Mientras tanto iremos sensibilizando a los grupos y movimientos parroquiales, corales etc. e iremos explicando los objetivos, el método y trataremos de formar a los animadores. Nuestro deseo es que a principios del curso que viene se hayan organizado todas las comunidades con sus responsables e inicien su andadura El objetivo principal es tratar de formar comunidades vivas, participativas y responsables, que tomen en sus manos la dirección de la parroquia, la misión, la ayuda a los necesitados, la promoción de la mujer etc. Agua viva
Las construcciones y pozos van adelante; albañiles, carpinteros y poceros ponen lo mejor de ellos mismos y el edificio está ya reclamando la cubierta mientras el dispensario de Arbonga presta sus primeros servicios airoso, discreto y eficaz. Honorine, de vocación franciscana, lo lleva con determinación, ofrece una acogida de madre y un exquisito tacto profesional, que también utiliza en hacerse un lugar en la sociedad bariba; ella es fon, y en estas latitudes no es la mejor carta de recomendación, pero lo lleva con garbo y con paciencia y la comunidad cristiana la ha acogido con naturalidad y en cuanto puede muestra su determinación protectora. Banikoara 25 de Febrero Rafael Marco
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La alegría de la fiesta
La estación seca
El agua viva
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