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Diario de misión:
Waraniéné
Waraniéné es unos de los poblados que
visita regularmente nuestro compañero
Ramón Bernad en su parroquia de Korhogo, en Costa de Marfil. Es
un pueblo muy famoso por sus paños
tradicionales pero en el plano religioso aún están empezando.
Ramón, cansado pero feliz, nos cuenta la inauguración de la
primera iglesia.
El día Nuestra Señora acabé el día cansado pero muy contento del
esfuerzo realizado en la inauguración de la iglesia de Waraniéné.
Me levanté, como casi todos los días, a las seis de la mañana que
es cuando se hace de día todo el año. La Misa empezaba a las nueve
y había muchas cosas que preparar para llevarlas en coche: la
sonorización, instrumentos para la Misa, Misales, ritual de la
bendición, campana, incensario, velas, manteles....en Waraniené no
tienen nada de eso. La víspera habían venido a buscar 34 bancos
para sentarse en la capilla, lo hicieron llevándoselos en
bicicletas, motos y a algunos vi en la cabeza de mujeres, el
recorrido es de 5 Km..
La gente vino de las demás comunidades de la parroquia. Dentro, un
lleno a rebosar, cerca de doscientas personas y más todavía fuera
donde se había montado una carpa. Entre los invitados se
encontraba el jefe del pueblo y el imán musulmán y esta presencia
la gente lo ha apreciado mucho. Unos días antes fui personalmente
a verlos y a invitarles a la celebración. Y vinieron. Como también
vinieron los artesanos que hacen las telas y nos ofrecieron como
regalo un mantel de altar.
Empezó la Misa a las nueve y la acabamos cerca de la una. Y no nos
aburrimos. Se hizo la bendición con la aspersión de las paredes
como signo de consagración a Dios, de lugar sagrado, de sitio de
acogida, de escucha de la palabra de Dios y del compartir en
familia el pan y el vino. Los cantos iban ritmando los cuatro
bautismos y una confirmación que hicimos, en medio de un delirio
de melodías, bailes, gritos de alegría. Y también de oración
profunda.
Pedimos para que la población de Waraniéné pueda vivir en paz y en
armonía. Aquí tienen un problema serio. Viven desde hace años dos
etnias diferentes: los senoufo y los Dioulas. Estos no respetan
las costumbres de los Senoufo y de vez en cuando se enzarzan en
peleas: La última ocurrió cuando estaba de vacaciones hace dos
meses y hubo un muerto dioula y cinco casas incendiadas de los dos
bandos. Los militares rebeldes vinieron y, como escarmiento y que
sirva para apaciguar los ánimos, metieron en la cárcel de Korhogo
a diez hombres, cinco por cada etnia, que participaron en la
refriega, entre ellos el albañil que nos construyó la capilla.
Aquí la justicia es expeditiva . Unos días antes pude visitarlos
en la cárcel a los diez. En una sala pequeña me dieron una silla
para mí y ellos se sentaron en el suelo , a mis pies y me pidieron
mi intervención delante de los rebeldes para su liberación. Ya
veremos qué se puede hacer porque es un asunto que lo arrastran
desde años.
Después de comer ,el grupo folklórico Boloy de
veinte miembros entre instrumentistas de percusión y
bailarines, nos regalaron con sus conciertos, danzas y buen
ambiente. En total, un día completo y que ha dejado muy buen
recuerdo entre la gente de la zona.
Ramón.
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Diario de misión
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