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Diario de
misión:
En este tiempo de Cuaresma
He llegado
demasiado pronto a la capilla, como siempre. La gente no ha
venido todavía. Vamos a celebrar en un pueblecito de Banikoara
las etapas de bautismo de los catecúmenos que se vienen
preparando desde hace ya meses o años; algunos de ellos
recibirán el sacramento en la próxima vigilia pascual. Por el
patio andan Andrés y Lucas. Nos saludamo s:
- Bese
ka kpura.
Saludos desde
el frío. Es verdad que este año el harmattam, el viento del
desierto, ha sentado sus reales entre nosotros y parece que no
se quiere marchar. Unos y otros van embozados y encogidos como
en un riguroso invierno.
- Un invierno muy crudo, les digo a Gerardo y
Belén, compañeros seglares que están haciendo sus esfuerzos de
adaptación.
Hay una pátina
de polvo sobre nuestros cabellos y cejas que dibuja en los
rostros una vejez prematura. Es el polvo que cubre el paisaje y
la mirada como “una sábana blanca de lino no, todo lo tapa y el
agua no”, de una infancia lejana. Hay suavidad en el ambiente y
me llegan atenuados los ruidos y gritos de la aldea.
Entro en la
iglesia maternal de adobe que no guarda generaciones pasadas ni
suspiros entre el incienso ¿qué pueden guardar estas paredes
desportilladas ya, que se casan tan bien con el polvo del
desierto? Parece todo tan transitorio y huidizo sobre los bancos
de tierra que un golpe de viento un poco más fuerte se nos puede
llevar a todos sin pedir permiso.
En la pared del
fondo, justo detrás del altar desnivelado, hay un viejo cartel
clavado con chinchetas con la imagen candorosa de un cristo
nigeriano; sobre el cartel han pinchado una cuartilla con un
texto escrito en lengua Baatonu que traduzco así:
“- El comité de
Caritas está formado por Julián Mere, Lucas Gado y María Sika.
- Llegar a la hora a la oración.
- Participar en el Vía Crucis todos los
viernes de Cuaresma.
- Prohibido beber “sodabí” (alcohol de
palma)”.
Son
las resoluciones de Cuaresma, me dice Lucas riendo tímidamente.
Me ha seguido
en el interior de la iglesia y se siente obligado a explicar:
- Hemos creado el comité de Caritas, porque
no había nadie que se ocupase de los enfermos, de los pobres…
- ¿Tuvisteis ya el retiro?
- Sí, sí.
- ¿Quién os lo dio?
- Benjamín.
- Y ¿qué tal os fue?
- Ah, muy bien, muy dulce, me responde casi
con entusiasmo. Sería bueno hacerlo varias veces al año…
Un retiro de
Cuaresma. En realidad es un día de oración y de encuentro
animado por un catequista venido de otra comunidad de la misión.
Lo preparamos antes en una reunión de catequistas. El tema de
este año es: “Los servicios en la comunidad” a partir de los
Hechos de los Apóstoles y del envío de los setenta y dos. La
comunidad cristiana se reúne en la capilla temprano y se empieza
con la oración. Se leen las lecturas apropiadas, el catequista
las comenta y a continuación se constituyen los grupos de
reflexión según la importancia de la comunidad: los hombres por
un lado, las mujeres por otro, luego los jóvenes y con
frecuencia los niños también acompañados de alguna persona
mayor.
¿Qué servicios
hay en la comunidad? ¿Cómo funcionan? ¿Sería conveniente crear
alguno nuevo? Con éstas u otras preguntas similares trabajan los
grupos. La participación es muy animada por lo general. Y cuando
han terminado, cada grupo vuelve a la asamblea con sus
conclusiones y juntos eligen tres o cuatro cuestiones que
interesan de forma particular a todos y se busca “una medicina”,
el remedio, la decisión que convenga.
Antes de llegar
a las conclusiones obligadas, todos comen juntos, sin platos ni
protocolos especiales. Al final, por la tarde, se termina con
una celebración penitencial o un Vía Crucis”. Así en cincuenta y
tantas comunidades que hay en la misión.
El resultado,
según la experiencia de los años pasados, es bastante positivo,
sobre todo en lo que concierne la solidaridad dentro de estas
iglesitas que se van creando. Releo las conclusiones y Lucas me
dice señalando la hoja de papel:
- Hemos
puesto las conclusiones bien a la vista para que no se nos
olviden y Dios nos ayude a cumplirlas.
Yo siento un
gorgojeo interior que me sube porque ya son varios años que
llevo visitándolos y ya nos conocemos y aquí todo va a piso
llano ¿para qué esconderse si tenemos el desierto a la vuelta de
la esquina?
Rafael Marco,sma
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