EFEMÉRIDES

 

    HISTORIA DE LA SMA

 

ÚLTIMOS MOMENTOS DEL FUNDADOR MONSEÑOR DE BRESILLAC

     

 

El comerciante francés Charles Brémond, fue testigo de excepción  de la muerte de Bresillac.  En una carta dirigida a la  S.C. de la Propaganda nos relata los últimos momentos del Fundador:

 

“El sábado 25 de junio por la mañana, me llamaron de casa del señor Seignac. Él estaba enfermo por las fatigas, y debía (...) guardar cama. Encontré a Monseñor muy agitado, acababa de tener, y todavía tenía, vómitos de sangre negra coagulada, triste presentimiento de una muerte próxima. Con su bondad ordinaria, preguntó por la salud de mis hijos y del Padre Reymond y me dijo después con mucha calma: ‘Mi querido hijo, lo que me temía ha llegado, la catástrofe va a tener lugar. ¿Cree usted que el P. Reymond tiene suficientes fuerzas para venir a verme?”

Conociendo el grado de debilidad del P. Reymond, Brémond le respondió que el hecho de saber que su Obispo se estaba muriendo podía ser fatal para él. De Brésillac replicó simplemente: “Fiat voluntas tua”, pero va a ser muy duro para mí morir sin tener un sacerdote a mi lado y sin recibir el sacramento de la extremaunción. Esta observación hizo que Brémond se preguntara si tenía derecho a ocultar al P. Reymond el estado de su superior y sobre todo si podía privar a un príncipe de la Iglesia, en sus últimos momentos, de la presencia de un sacerdote. Pidió consejo al médico que atendía a los dos, y juntos decidieron informar al Padre Reymond. Éste se levantó inmediatamente, se puso sus hábitos eclesiásticos, tomó los santos óleos y fue conducido ante su Obispo para administrarle la extremaunción en presencia del señor Brémond y otras dos personas.

Los dos sacerdotes “estuvieron un momento religiosamente abrazados”. Después, Brémond oyó a Monseñor de Brésillac que decía al Padre Reymond: “Si usted tiene la dicha de salir de su enfermedad, escriba a Roma y diga a la Sagrada Congregación de la Propaganda lo que ha pasado”. Sin duda fue el recuerdo de esta petición lo que hizo que el señor Brémond enviara más tarde su propia relación de los hechos. Así persistía hasta el final la devoción puntillosa que de Brésillac había tenido siempre respecto a la autoridad de Roma, autoridad que estaba para él por encima de los derechos del P. Planque o de su propia familia. Y cuando le preguntaron si quería algo para su familia, dijo simplemente “no” con su cabeza. Los tres hombres abandonaron la habitación mientras el Obispo se confesaba.

“Unos segundos después fuimos llamados y un comerciante irlandés (M. Quinn), el hermano del señor Seignac y yo asistimos a la administración de la extremaunción. Una vez acabada la ceremonia, Monseñor dio un último adiós al sacerdote que fue llevado inmediatamente a su habitación. Monseñor me pidió que no le dejara y que me quedara con él hasta el final. A partir de este momento, debían ser las once, la fiebre hizo rápidos progresos y los signos de un fin próximo se reflejaron en el rostro del ilustre enfermo. La agitación se hizo muy fuerte, pero conservó la lucidez mental hasta casi media hora antes de la muerte”.

“En ese momento elevó los ojos al Cielo y dijo con un fervor que jamás olvidaré: fe, esperanza y c... Yo mismo acabé diciendo: ¡y caridad!. “Gracias”, me dijo muy débilmente. Murió a la una y veinte minutos de la tarde con una profunda paz, pero después de haber tenido una terrible agonía de casi media hora”

El "fracaso humano" de las dos primeras expediciones, la muerte de los cinco primeros misioneros en menos de un mes, dio frutos en abundancia en sucesivas expediciones a África. Hoy son más de 1000 misioneros los que componen la SMA EN TODO EL MUNDO.


 

Marion de Bresillac

 

Llegada de un barco

 

Travesía en piragua de un compañero

 

Tumba de los Padres de Bresillac

Pueblo natal de Bresillac