Nº 170/DICIEMBRE 2003
EDITORIAL

EL CAMINO DE DIOS

 Calles iluminadas y escaparates adornados con un sinfín de colores; la publicidad que nos invita a comprar todo tipo de artículos; villancicos y lotería. La sociedad se prepara a celebrar una fiesta entrañable: la Navidad. El mes de diciembre, puerta del invierno y de fríos nórdicos, nos transporta a Belén, al calor de un pesebre. Una copita de anís, un mantecado, el ruido de panderetas y zambombas, castañas asadas…, es como si hiciéramos un paréntesis en los problemas y  en las prisas. Es un tiempo para la ilusión, para soñar, como los hijos de Loko, que marchamos por la vida sonrientes, disfrutando del camino, con el aire en el rostro. La inocencia de Guido y Prisca nos anima a ser sencillos para comprender mejor el sentido de estos días.

                La Navidad es un camino de ida y vuelta: Dios recorre el sendero de la humildad para venir a nuestro encuentro, para asumir nuestras debilidades y nuestras pobrezas, para vivir las fantasías de los niños y las frustraciones del hombre. De esta manera, el ser humano se introduce en la intimidad de Dios, vive en el Amor que El mismo nos regala. Navidad es camino y encuentro, espíritu de itinerancia que nos saca de nosotros mismos y nos acerca a los ámbitos más desfavorecidos, para encontrarnos con el hombre pobre y devolverle la esperanza perdida, siguiendo los pasos de Dios. Todo un desafío, como nos recuerda Mariano, y una complicación. La vida cómoda e individualista no encaja en el espíritu de la Navidad.

               La publicidad de estas fechas nos conduce a gastos innecesarios, pero el sentido del misterio del nacimiento de Jesús nos lleva a gastar nuestra vida en una entrega total y sin reservas, manteniendo una actitud humilde y desinstalada, porque la Navidad es camino; el camino, movimiento y el movimiento, itinerancia. Feliz Navidad.
LOS SUEÑOS DE UNOS NIÑOS

 

Se llama Loko y es policía. Me lo solía encontrar en la frontera con Nigeria. Siempre que lo veía en Chikandu, elk útimo pueblo de Benin antes de llegar al pais vecino, me decía :

- Si quieres pasar a Nigeria, vete con el coche, te doy a alguien para que te acompañe. Puedes ir tranquilo.

- Déjate de bromas, no quiero complicaciones

-          ¡¿Complicaciones ? ! No te pueden decir nada  los aduaneros porque saben que si te dicen algo, podemos tomar represalias. Ellos viene aquí y  no les decimos nada. Y te puedo asegurar que no sa vuelven de vacío.

Cambios frecuentes

A los policías los cambian cada tres años de destino. Ya contaba con que se iba a ir. Con otro amigo celebramos la despedida en un restaurante el sábado pasado. Allí nos fuimos las dos familias y yo. El lugar era muy agradable, debajo de un mango, a la sombra, resultaba muy acogedor y tranquilo. Comimos  bien, charlamos largamente y nos reímos lo que quisimos con los niños que jugaban a nuestro alrededor.

Un coche imaginario

Conducían un coche imaginario del que sólo tenían el volante. Eran los tres hijos del policía que se habían aburrido de vernos comer :

 -- Run run rruu... decía el mayor que manejaba con destreza el volante. Ahora salgo del pueblo, se cruza un niño en la carretera y freno. Lo dejo pasar y acelero. El coche se pone a correr y da gusto ver el paisaje. Ay, ay ay qué bien, cómo corre, está cogiendo velocidad...

-- ¡Déjame ! ¡que quiero conducir yo también !, protesta la hermana ;  y le pasa el volante. La niña, Prisca, se sienta con el volante bien agarrado con las dos manos para hacer lo mismo. Mucho run rún, algún comentario sobre la sensación de velocidad, los pueblos que pasa, la gente que cruza la carretera, el viento que les da en la cara... y el más pequeño reclama su turno. ¿Cuándo me toca a mi? quiero conducir el coche yo también, ya habéis conducido mucho. Venga, dejadme el coche que yo también sé conducir.

El hermano pequeño, Guido, arranca a su hermana el volante de las manos y se pone a conducir con toda seriedad.

 Se sienta bien, con la espalda apoyada a la pared y recomienza la carrera: rrrrun rrun rrun ... pero éste es más arriesgado que los anteriores. Va más deprisa, salta imitando lo que hacen los coches en los agujeros y cuando más emocionado está, da un respingo y dice :

Accidente y lloros

-- Me salgo de la carretera. Es un accidente. Iba demasiado deprisa. No he podido controlar la velocidad y me he dado el batacazo.

En ese momento su hermano le da un coscorrón en la cabeza diciendo

-- ¿Por qué has roto el coche de papá? ¿ No podías tener más cuidado ? la próxima vez no nos lo prestará :

Guido estalla en sollozos. No le gustan nada las palabras de su hermano y se echa a llorar desconsoladamente., El padre, que ha escuchado los lamentos se acerca a ver lo que pasa.

- Guido ¿por qué lloras ? ¿te ha pegado alguien ?. El hermano mayor responde en su lugar :

-- Guido ha estado haciendo el loco. Conduce demasiado deprisa y ha tenido un accidente con tu coche.

 --¿Con mi coche ? pero, si yo no tengo coche...

 -- ¡Es que estábamos jugando y nos habías dejado tu coche para conducir!

Vaya, la sangre no llega al río. Ha sido una falsa alarma. Los niños se ponen a comer, cuando terminan, Prisca y Guido se lavan cuidadosamente las manos, primero en la palangana con jabón y después en la otra de aclarar. No tardarán en llenarse de tierra luego al jugar.

Consejos de Prisca y despedida

Prisca es muy calculadora. Un día estaban proyectando ella y sus amigas, los hijos que debían tener sus padres. Que si Loko debía tener más familia, que si sus padres también. Después de hacer esos comentarios entre niños, se acercó a su padre y en un aparte le dijo: "no tengas en cuanta nada de lo que dije de que quiero tener más hermanos porque con vosotros ya somos cinco y si somos seis, el día que compres un coche no cabremos todos dentro".

Loko se va para el centro del país, a mitad camino entre Nikki y Cotonou. Quedamos en que al pasar le llevaríamos queso de los peul y gallinas de Guinea ; le gustan mucho y allá costarán caras; pero sobre todo "que llevemos tiempo, que no vayamos con prisa, ese será el mejor regalo". Se lo prometimos.

Jose Ramón Carballada. SMA

 

EL CAMINO DE LOS SEGLARES

  

La familia SMA reflexiona este año sobre el sentido de "la itinerancia”. Una palabra clave en el trabajo misionero tanto en el anuncio de la Buena Noticia en África como en la Animación Misionera en España.

 Salir y entrar

 Nosotros, los laicos, comenzamos como grupo hace ya más de tres años y hemos podido experimentar este espíritu itinerante en nuestras propias carnes. Una itinerancia que poco a poco, casi sin darnos cuenta, nos ha hecho salir de situaciones más o menos cómodas para “complicarnos la vida”  e ir adentrándonos en el trabajo de primera evangelización a través de la animación misionera hasta dar el paso de marchar a África y desarrollar la vocación seglar integrado en cualquiera de las misiones de la SMA.

 El recorrido y la renuncia

 Casi sin darnos cuenta hemos recorrido parte de este camino que nos ha ido moldeando tanto como grupo como personalmente. Hemos participado en esta aventura del trabajo misionero. Esto ha supuesto salir de nuestra rutina, abandonar muchos ratos de ocio, de tiempo libre; en resumidas cuentas, renunciar a todo aquello que  resulta ser un obstáculo para el camino.

 Un desafío

 La itinerancia en el camino misionero seglar es incómoda y difícil porque hay aspectos propios e inseparables de nuestra condición de laico: profesión, trabajo, familia, etc... pero todo esto, lejos de ser barreras infranqueables, supone un desafío,  una aventura que día a día nos sorprende, nos descubre aspectos nuevos que debemos integrar en nuestra condición de seglar.

 Dejarse impregnar por el espíritu misionero, respirar la experiencia de los que han dejado muchos años de su vida en África, supone asomarse a una aventura, a un mundo  de inseguridades, de desconocimientos a los que uno también se siente llamado tratando de discernir su papel.

 Aquí estamos y damos gracias

 Y aquí estamos: inseguros pero sin miedo; cargados de tareas pero sabiendo lo mucho que queda por hacer; a veces cansados pero con mucha ilusión, porque en esta itinerancia, el mirar hacia atrás no sirve.

 Hoy damos gracias a Dios y a la comunidad SMA por haber apoyado y fomentado esta Familia de Seglares que tiene vocación de ser un espacio, un lugar donde quepan todos aquellos que tengan inquietud misionera  para que cada cual pueda desarrollar su vocación, respetando el ritmo y los tiempos personales,  con el mismo espíritu itinerante que nos haga salir de nosotros mismos para ir al encuentro del hombre africano, de los sedientos de la Palabra de Dios.

  Mariano Calle fssma

UN CASCOTE Y UN COLLAR 

   

En un pueblecito yoruba vivían dos agricultores. Un día, uno de ellos fue a visitar al otro y le pidió prestado el cuello de un cántaro roto que había visto en el patio de su vecino. Este se lo dio y aquel lo puso como rotección de un arbol de kola jovencito que las gallinas impedían su desarrollo. El arbol creció y se desarrollaron sus ramas que emezaron a dar fruto. Cuando recogió las primeras nueces de Kola, fue a ver a su vecino y le entregó un buen puñado como prueba de agradecimiento. El vecino, sorprendido, reaccionó de forma insospechada, fue a ver a su congénere y le exigió que devolviese su cuello de cántaro.

-         Es imposible, el arbol ha crecido dentro del anillo de la vasija de barro.

-         Me da lo mismo, yo quiero mi cascote de arcilla.

Nadie pudo convencerle de lo irracional de su conducta, ni siquiera el rey del lugar, y el dueño del colatero tuvo que cortar el arbol para devolverle su boca de cántaro.

Un tiempo después los dos hombres se convirtieron en padres de familia, los dos tuvieron una hija que con el paso del tiempo se convirtieron en buenas amigas. La hija del propietario del cascote se casó y tuvo a su vez una hija. Un día fue a ver a su vecina y le dijo:

-         Nuestra familia celebra una fiesta y quiero que mi hija sea la que lleve las mejores y más bellas ropas. Tengo ya todo lo necesario. Sólome falta un collar y quería pedirte el tuyo, aquel tan bonito que llevabas cuando tenías su edad.

La muchacha aceptó. Fue a buscar el collar y lo puso al cuello de la niña. Cuando volvió a su casa, le dijo a su padre lo que había sucedido. El padre le respondió:

-         Has hecho muy bien, pero te ruego que no lo aceptes cuando te lo devuelvan si no es tal y como tú lo anudaste a la niña.

Cuando terminó la fiesta, la madre de la niña quiso devolver el collar a la dueña pero esta la detuvo diciendo:

-         No, no no. Devuélvemelo tal y como se lo dejé a la niña. La madre trató de soltarlo pero le fue totalmente imposible mientras su amiga le decía:

-         - No lo sueltes porque yo no te lo dejé así, dámelo tal como te lo dí. Sácaselo por encima de la cabeza.

-         Eso es imposible.

-         Pero me tienes que dar el collar.

No había manera de resolver el problema hasta que el rey propuso que los ancianos del reino estudiasen la cuestión. Entonces recordaron que el monarca anterior había dictado una sentencia que tendría funestas consecuencias para el juicio que debía dictar al día siguiente y entonces recordaron el enfrentamiento que hubo entre el propietario del collar y  el de el cuello del cántaro y cómo aquel tuvo que cortar su arbol por el capricho de su vecino.

Entonces, concluyeron diciendo:

-         Majestad, la sentencia que tendreis que dar mañana os será dictada por vuestro propio padre; si hubo que cortar el arbolito de kola para devolver un viejo trozo de arcilla, habrá tambien que cortar la cabeza de la jovencita para devolver el collar.

Cuento fon

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