Nº 162/ENERO 2003
EDITORIAL

LOS CALENDARIOS  

  Durante todo el trimestre pasado hemos estado vendiendo calendarios, postales de Navidad y libros a la salida de las misas de unas ochenta parroquias. Hemos estado en Burgos, Málaga, Granada, Sevilla, Toledo, Madrid y Zaragoza bajo la lluvia, el sol o el viento; así todos los fines de semana desde la primera misa hasta la última. Este año hemos tenido suerte, no ha hecho demasiado frío y los mendigos, compañeros inseparables que suelen mirarnos con el enojo propio de la competencia, se han portado bien y hasta nos han ofrecido cigarrillos. Los primeros que salen de la iglesia aprietan el paso y hacen lo imposible por no prestarnos atención, luego se acerca algún tímido que no se atreve hasta que una pareja de personas mayores se pone a ojear los libros, preguntan por el precio de las postales mientras una mano anónima te deja un billete arrugado en la tuya y se va discretamente sin que le puedas ofrecer un humilde calendario.
– Que Dios le bendiga, logras balbucear mientras el benefactor se aleja.
– Yo tengo una tía en Eritrea, comenta una señorita. La labor que hacen ustedes es extraordinaria. Les felicito.
Y de esta forma se van llevando nuestros coloridos productos; poca cosa, pero ésta nos permite realizar nuestra labor misionera. Es increíble esto de los calendarios. Cuando empezamos esta venta, hace ya 20 años, no nos podíamos imaginar que en ellos se iba a basar la principal fuente de ingresos, de amigos y colaboradores y hasta de vocaciones. Es verdad que Dios utiliza lo pequeño para llevar a término sus planes ¿Qué hay más pequeño que un calendario?.
– Oiga ¿le queda algún almanaque misionero? Lo compro todos los años y le he cogido cariño.
Cuando termina el fin de semana, siempre pasa lo mismo, nos miramos asombrados y agradecidos.

LA MARAÑA DE UN BARRIO

Guillermo, después de unos años de animación misionera en Madrid, ha vuelto a Benin y trabaja en un barrio de emigrantes de la ciudad de Parakou, Banikanni. En esta carta que nos envía, nos cuenta sus primeras impresiones.

Estoy en la parroquia del Sagrado Corazón de María. Es la Iglesia católica del barrio de Banikanni, uno de los más grandes de la ciudad de Parakou, situado en las afueras de la ciudad y en continuo crecimiento. Parakou es la tercera ciudad del país, doscientos mil habitantes.

SE VIVE EN LA CALLE

A lo largo de las calles, los que tienen un oficio instalan su taller junto a la casa con cuatro palos que sostienen unas planchas para protegerse del sol y de la lluvia. Allí trabajan  carpinteros,  mecánicos de motos y de coches, reparadores de neumáticos. Se hacen sillas y mesas, se vende de todo: pan, buñuelos de maíz, naranjas, comida preparada, linternas, pilas, jabón...La gente hace vida en la calle, porque las casas son pequeñas y calurosas. Las calles son de tierra, erosionadas por las lluvias y para conducir por ellas hay que ir de derecha a izquierda, siguiendo los trazos que dejan otros  para evitar los agujeros, las piedras y los desniveles.

Parte del barrio cuenta con alumbrado público, agua y teléfono. El que tiene un contador de luz se las arregla con los vecinos pasándoles un cable; eso hace que haya una maraña de hilos que van en todas direcciones sostenidos por frágiles postes.

MULTIPLICIDAD DE ETNIAS Y CONFESIONES

La parroquia está instalada en un lugar donde hay pocas casas. No se diría que estamos en la ciudad. La hierba crece por todas partes y muchas calles se reducen en senderos erosionados que recorren las altas hierbas. En Banikanni hay diversidad de etnias procedentes de todas las partes del país y una pluralidad de confesiones religiosas: sectas protestantes, iglesias africanas... Los musulmanes son numerosos y cuentan con un centenar de mezquitas; las de nuestra zona son una pequeña sala que no supera los diez metros de largo por cuatro de ancho, con una pared que separa a los hombres de las mujeres. El espacio de las mujeres es reducido, porque no pueden entrar hasta que no llegan a la vejez.

UNA CACOFONÍA INSUFICIENTE

El musulmán que tiene medios construye su mezquita para rezar con los vecinos. Las mezquitas se multiplican por todas partes. La mayoría tienen altavoces exteriores para que se pueda seguir la oración desde fuera y a las horas de la oración hay una cacofonía de altavoces impresionante porque todos los muecines gritan cada cual más fuerte. Las peores son las de la mañana y la tarde. A las cinco suenan los altavoces a todo volumen. La que tenemos al lado, a unos 50 metros, fue construida por un musulmán a su vuelta de la Meca; no llegan a reunirse veinte personas. Uno de los altavoces está orientado hacia nuestra iglesia molestando en todas las actividades que tenemos por la tarde. Hemos hablado con el responsable manifestando razones de buena vecindad, pero en vano.

Me resulta difícil habituarme a ese vocerío que me despierta tan temprano. No tengo más remedio que levantarme. Rezo el breviario, desayuno, y a las seis y media voy a la iglesia a celebrar misa. Aquí la gente madruga para aprovechar las horas de sol. El día me cunde bastante, pero al caer el sol siento el cansancio, todavía no me he acostumbrado al cambio de horarios. Por las noches me acuesto pronto, porque con frecuencia cortan la luz y es incómodo trabajar con dos velas aguantando las picaduras de los mosquitos.

FORMACION DE LOS CATEQUISTAS

El trabajo de la parroquia consiste, ante todo, en atender a los que vienen a saludar, exponer sus problemas, bendecir una cruz, un rosario o agua para ahuyentar los malos espíritus. Una de las actividades de la parroquia es la formación de los catequistas, que luego trabajan en los grupos de diferentes lenguas. En colaboración con las monjas de la parroquia damos cursos de formación y una vez por semana tenemos encuentros con ellos según el nivel que tienen.

LAS COMUNIDADES DE BASE

Están también las comunidades de base. La parroquia está dividida en sectores llamados comunidades de base. Una vez por semana se reúnen los miembros de cada comunidad al caer la tarde. Asisten gente de todas las edades, niños sentados sobre una estera que se van quedando dormidos, jóvenes, mujeres con sus hijos pequeños a la espalda, y mayores. Cuando llego al lugar del encuentro, ya está todo preparado: han traído sillas y bancos para unas treinta personas, han encendido las velas para alumbrar a los asistentes y empiezan cantando mientras van llegando unos y otros. La celebración la dirige el catequista. Se lee el Evangelio que se comparte entre todos y después añado un pequeño comentario. A continuación, se habla de los problemas que han podido surgir y se busca entre todos una solución. Cuando alguien pide una ayuda económica, se trata primero en la comunidad de base donde se conocen todos, y si el problema les desborda se acude a “Caritas” parroquial

 

Guillermo Moret. SMA - Enero-2003 -  

ESTA ES VUESTRA CASA

  

El 8 de diciembre festejamos la fundación de nuestro instituto misionero, la SMA. Invitamos a colaboradores y familiares mas próximos a unirse a nuestra acción de gracias y participar de la alegría que nos anima en el ejercicio de nuestra vocación.

Este era el lema de la fiesta. Y es que se imponía. Durante muchos años hemos intentado incorporar a nuestra familia SMA amigos, familiares, colaboradores, hombres y mujeres de buena voluntad. Ellos nos sostienen y animan en nuestro trabajo. Después de varios años de ausencia, sorprende cómo el número ha aumentado y reconforta que el espíritu no sólo se mantiene, sino que ha subido grados en confianza, buen humor y talante familiar.

DE LOS ALREDEDORES DE MADRID

Nos reunimos los más cercanos geográficamente el 7 de diciembre pasado, aparte de los jóvenes que no les asusta las distancias y que vinieron de Andalucía o Zaragoza. Debíamos ser alrededor de cien personas. Nos gustaría invitaros a todos a esta acción de gracias, pero la casa es pequeña. Tenemos razones para estar agradecidos: la salud de todos ha sido buena, fuera de algunos pequeños percances, las comunidades cristianas en el Benin se multiplican y desarrollan, hemos podido realizar proyectos de salud, excavación de pozos, construcción de capillas, hemos atendido a minusválidos, personas marginadas y hemos puesto atención especial en la formación de catequistas y líderes de comunidades. En  Costa de Marfil se viven tiempos de gran tensión donde nuestro hermano Ramón Bernad hace todo lo que está en su mano para ir en socorro de los más necesitados, estén en un bando o en otro. Nuestros medios son muy limitados, pero tenemos el privilegio de ver con nuestros propios ojos cómo se va ensanchando el Reino de Dios tanto en número como en caridad y sentimiento fraterno en pueblos, aldeas y ciudades donde estamos.

 Ya veis, tenemos motivos para estar contentos y confiados, pero no somos ingenuos, conocemos la situación de Africa, sin embargo, estos trabajos son un rayo de esperanza que junto a otros la mantienen viva.

SOIS NUESTRA FAMILIA

Las actividades que llevamos a cabo en España, nos recordaba Pepe en medio de la celebración, son numerosas: encuentros, convivencias, hermanamientos, publicaciones, veladas, venta de calendarios, libros y postales, etc. y muchas de ellas animadas por seglares. Hay un grupo de seglares asociados a nosotros que organiza y actúa de manera eficaz tanto en Africa como aquí. Gracias a ellos y a vosotros, Africa es un poco más conocida y cercana; nos sentimos más solidarios. “Todos  andamos dispersos en multitud de actividades, vivimos lejos los unos de los otros, pero nos sentimos uno, porque somos una misma familia en un mismo proyecto, y la SMA quiere ser el hogar donde todos nos sintamos unidos...Sí, una familia cimentada en Cristo. “Esta es vuestra casa”, porque esta es vuestra familia.

Todas esas realizaciones han visto la luz gracias a vuestra ayuda, a vuestro consejo, a los ánimos que nos dais, al apoyo que encontramos en vosotros. No nos sentimos solos y eso nos da alas para renovar nuestro esfuerzo y emprender nuevas aventuras.

Celebramos la Eucaristía, comimos juntos en un ambiente dicharachero y de buen humor y representamos un cuento africano sobre el Mercado, el Campo y la Casa, donde se simboliza  la primacía de la acogida y la palabra por encima de todas las otras actividades del hombre. Y luego los cantos, el bailoteo y la tertulia sosegada.

En fin, que esta es vuestra casa para todos los que participáis en este proyecto misionero que cree en el hombre africano y que se esfuerza porque alcance aunque solo sea un poco más de felicidad.

          Rafael Marco. SMA - Enero-2003 -

PARÁBOLAS DE ÁFRICA 

   

Muchos de vosotros conocéis a François du Penhoat. Hizo buena parte de sus estudios de Teología en Madrid, estuvo en contacto con varias parroquias de la ciudad haciendo catequesis, participando u organizando convivencias, marchas o pascuas juveniles y fue ordenado sacerdote en la Sagrada Familia. Después se encargó un tiempo de la formación de los seminaristas y, más tarde, de la animación misionera en  seminarios y parroquias. Más de una vez le habréis visto vender calendarios a la puerta de una iglesia haciendo saltar mesas y vendedores con un gesto nervioso y juguetón. Es difícil olvidar su sonrisa y sus imágenes frescas y desconcertantes.

Acabamos de publicar un libro suyo: “Parábolas de África. Canto de humor y ternura a la vida”. Son relatos de sus primeras experiencias misioneras de África, de Pereré, en los años setenta. En ellos nos cuenta con su natural sencillez cargada de cierta picardía la vida de las primeras comunidades bariba, las debilidades de uno, el trabajo de otro, las adversidades y vericuetos por los que pasa la Buena Noticia antes de asentarse definitivamente en un pueblo. En Africa pocas cosas son definitivas.

MAS ALLÁ DE LAS APARIENCIAS

Es la vida de los pueblos bariba tal como se descubre en las visitas, saludos, reuniones, fiestas, celebraciones y encuentros ocasionales. No hay nada extraordinario en apariencia, todo discurre como el cauce de un riachuelo, pero como en el riachuelo, se observa una gran dosis de ternura y de humor que están presentes en todas las historias que nos narra. Por eso ha querido poner ese subtítulo: “Canto de humor y de ternura”, porque es una constante en la expresión de los hombres y mujeres bariba, gentes de humor fino y bromas chispeantes y porque le va al pelo con su propia manera de observar y de ser. Su mirada se encuentra felizmente con lo que proyecta. ¿No os habíais fijado?, él es así, y siempre inquieto, y siempre buscando o provocando una ocasión para entablar conversación con el que se encuentra en el camino o está sentado a la sombra de una acacia.

Si no captamos esa dimensión, se nos escapará lo más importante del libro. Y es que llegar a contemplar con esa benevolencia y duende no es fácil, no se improvisa, requiere un ejercicio constante hasta llegar a la madurez de un padre con el corazón ancho y comprensivo.

LAS CORRERÍAS DE UN APÓSTOL

Los relatos que nos presenta el libro son apuntes que François ha ido tomando en sus correrías, encuentros y vivencias de apóstol. Y son parábolas, porque además de ofrecer las observaciones agudas sobre la vida y sabiduría de un pueblo, deja entrever la obra que el Espíritu de Dios realiza en los que no le conocen y que llega a transformar. Además, ofrece las enseñanzas que él mismo ha adquirido y que deja caer tanto para el misionero como para todo aquel que se interesa en seguir el camino de Jesús y quiere comunicarlo a otros.

Rafael Marco. SMA - Enero-2003 -

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