Nº 174/ABRIL/2004
EDITORIAL

LA PRESENCIA DE DIOS

Dios está al aire libre y duerme al raso. Lo descubrimos en el monte Horeb, en el desierto, cuando dos o tres se reúnen en su nombre o en el rostro de los pobres. Es un compañero fiel  y nos precede. En estos lugares tan diversos planta su tienda y se hace el encontradizo cuando menos lo esperamos y, cuando pensamos que ha tomado aposento, ya se ha ido dejando una leve estela de su presencia. No se detiene, recorre todos los caminos de Galilea sin apenas hacer un alto.

¿Quién puede construirle una casa y decirle: aquí puedes descansar, ésta es tu residencia? El rey David quiso edificarle un templo y Yahveh le respondió: ¿Eres tú el que me va a construir una morada? Soy yo el que te edificará tu casa y asentará tu estirpe.

He observado que, cuando un grupo de personas decide construir una capilla, por muy humilde que sea, experimenta una transformación visible, se constituye en comunidad de fe. Algo nuevo, indefinible aparece en ella. Es, creo, la presencia de Dios en ella que hace que los lazos que unen a sus miembros sean más sólidos, más fraternos. Ese grupo de hombres y mujeres se convierte en comunidad de Dios.

Recuerdo que, cuando iniciamos las obras de la iglesia de Banikanni, en la Eucaristía del domingo anterior hicimos una pequeña celebración en la que se bendijo a los obreros e instrumentos de trabajo. El Evangelio del día hablaba de la profecía de Jesús contra el Templo de Jerusalem, anunciaba su ruina  “...y no quedará piedra sobre piedra”. Mi primera intención fue de cambiar el Evangelio, pero se proclamó tal cual y tuve que hacer un esfuerzo de fe y humildad: a Dios no le podremos encerrar, pero, si quiere, se quedará con nosotros. Creo que se quedó, como se quedará en Pereré

 

LA CONSAGRACIÓN DE UNA COMUNIDAD

Se consagró la iglesia de Pereré. Por fin. Demos gracias a Dios. Con ello se consagra la vida de una comunidad, todos los esfuerzos realizados y las esperanzas puestas en ese nuevo camino que se ha ido abriendo  desde hace más de un centenar de años, el camino de Jesús.. El recorrido ha sido largo: se inicia en 1898 cuando llegan los primeros misioneros, pero su tentativa dura poco debido a las dificultades impuestas por la administración colonial. Se vuelve a intentar en 1968, pero las intrigas de musulmanes obligan al P. Jacques Tané, sacerdote bariba, a abandonar la misión.

A la tercera va la vencida

A pesar de todo, el proyecto sigue en pie y en 1984, un nuevo equipo de misioneros: los padres Vicente Rico y José Ramón Carballada construyen una nueva misión sobre las ruinas de la primera y dan un nuevo impulso a la evangelización  de la zona. Estos padres visitan los pueblos de la provincia, aprenden la lengua, se inician a la cultura local de la etnia bariba y establecen nuevas relaciones con la población. En pocos años , se constituyen comunidades cristianas en más de cincuenta poblados.

Una comunidad de religiosas italianas se instala en Pereré. Trabajan con las mujeres procurándoles una atención y formación que les permite superar su condición ancestral relegada a la servidumbre y procreación.

  La formación, una prioridad

Se crea un centro de formación para los líderes de las nuevas comunidades y se organizan sesiones de instrucción agrícola, sanitaria, puericultura, alfabetización que crean un espíritu de dinamismo y de trabajo que va transformando paulatinamente el conjunto de la sociedad. Al mismo tiempo, se realizan proyectos  que aportan  cierto bienestar a la población con la colaboración de los interesados: se excavan pozos, se construyen escuelas, capillas para las nuevas comunidades y se presta una ayuda sanitaria a los más desvalidos.

  Una transformación que salta a la vista

  En veinte años de presencia misionera, Pereré, con todos los pueblos de su entorno, han vivido una transformación notable. Salta a la vista. La mujer recobra otra dignidad y va tomando un puesto más activo en la sociedad y en el conjunto de la población  se trabaja por un mayor desarrollo y defensa de sus derechos. Y los que más animan y se comprometen en este empeño son los cristianos de las nuevas iglesias que han ido afianzándose y ganando el  respeto de todos. Su testimonio de fe, oración y esfuerzo han sido los verdaderos artífices de este renuevo.

Han sido varios los misioneros que han colaborado en el anuncio de la Buena Nueva en esta misión de Pereré y que han hecho posible que el mensaje de Jesús calase hondo  en sus habitantes haciendo posible una conciencia nueva de hombres libres capaces de luchar por un futuro mejor. Hoy, un horizonte nuevo se abre a todos donde las posibilidades son inmensas.

  La iglesia de Pereré, la culminación de una esperanza

  En esta renovación cobra sentido pleno la construcción de una nueva iglesia. Es la culminación de los sueños, esfuerzos y esperanzas de la multitud que se reunía para dar gloria a Dios y pedir su bendición.

El día de la consagración, el día de la Epifanía, se reunía todo el pueblo: las comunidades de los pueblecitos de la región, el imán, las autoridades locales, sacerdotes y religiosas de la diócesis y  de fuera, el obispo del lugar, Mons. Adjou y el anterior, Mon. Assogba, que fue el primero que creyó,  sin escatimar energías para que la misión de Pereré viese un día la luz decía en ocasiones:

  Beber de las fuentes

“Aquí esta la fuente de mi diócesis. Cada vez que contemplo las ruinas de la primera tentativa, sueño en que esta misión será la luz para toda la Iglesia diocesana”. Hoy, día de la consagración, estaba radiante, rejuvenecido, feliz de contemplar el bello edificio que se levantaba ante sus ojos y la multitud que se agolpaba festiva, alegre y bulliciosa, deseosa de celebrar las maravillas que Dios había realizado. Con ellos se mezclaban españoles, franceses, marfileños, italianos, peul con todos sus colores y danzas, kenianos, congoleses y benineses venidos de todos los rincones para unirse a la fiesta. Toda una Iglesia universal reunida en un pueblo del fin del mundo.

La iglesia de Pereré, esbelta, rezumando juventud y belleza, amplia y colorida, los recibía a todos, cristianos, fieles de la religión tradicional y musulmanes, nativos del país y extranjeros.

  La parroquia de Ntra. Sra. De Moratalaz

  El P. François, al que muchos conocéis y que es el responsable hoy de la misión, dirigía a la asamblea estas palabras:

“¡Bienvenidos seáis todos! La esperanza que hemos albergado durante tanto tiempo, ha visto la luz. ¡Pereré tiene una iglesia!. Bienvenido, Mon. Assogba, el proyecto que era la niña de sus ojos, ha sido culminado. La planta que sembró y regó con tanto celo ha crecido y florecido.

Gracias a los que  han ejercido de Reyes Magos con su interés y ayuda financiera, especialmente a nuestra parroquia hermana de Madrid, la parroquia de Ntr. Sra. De Moratalaz y a todos los que nos habéis ayudado.

Mi saludo especial al alcalde, al Sr. Diputado y a nuestro hermano el Iman, su presencia es una muestra de los lazos fraternos que nos unen. Que el Dios único y misericordioso nos ayude a permanecer unidos para que nuestros pueblos puedan vivir en paz y serenidad.

Y a todos los que habéis venido de cerca o de lejos, que esta fiesta nos dé la fuerza y el valor para continuar anunciando los caminos de Dios".

  Rafael Marco s.m.a

LA VISITA DE LA IGLESIA DE PERERÉ

Al entrar en una iglesia, se penetra en un espacio destinado a ayudar al creyente a la oración. Es un itinerario de fe que el templo nos invita a hacer.

Alrededor de la iglesia hay un “Vía Crucis” que nos recuerda que nuestra salvación tiene su origen en la pasión, muerte y resurrección de nuestro Maestro. Si tenéis tiempo, os aconsejo de seguir ese trayecto. Antes de entrar, podéis observar sobre la fachada una gran cruz en medio de un sol radiante. La cruz y resurrección son el sol que ilumina a todos los hombres y nos salva; y como el sol sale todas las mañanas, Jesús se muestra la luz de salvación que se yergue sobre el horizonte todos los días.

La historia de la evangelización

En el pórtico se observa la representación de la conversión de S. Pablo, a quien está dedicada la iglesia, y el conjunto de la misión. Los cristianos no son muchos y esta imagen nos recuerda que todo el mundo puede convertirse a Cristo como Pablo.

Entramos dentro de la iglesia. En el interior, doce frescos nos indican que la Iglesia ha recorrido un largo camino desde Pentecostés hasta llegar a Pereré. Las pinturas quieren enseñarnos todo el camino andado desde el principio: hombres y mujeres, enviados por Jesús, han anunciado su Evangelio hasta traerlo aquí.

No ha sido nuestro esfuerzo o sabiduría los que han hecho posible esta obra, sino la fuerza del Espíritu de Dios.

La casa de oración

El presbiterio está concebido para ayudarnos a rezar. Jesús crucificado nos recuerda el precio de nuestra salvación, el sacrificio de su vida que es el único sacrificio válido, los otros no tienen sentido. En el lado del Evangelio está María llevando en brazos a su hijo como todas las mujeres. María es una mujer del pueblo que ha creído en los planes de Dios y es la que nos ofrece a Jesús.

A la derecha, según hemos entrado, está el tabernáculo que contiene el cuerpo de Cristo; a su alrededor hay un espacio para poder orar o reconciliarnos con Dios por medio de la confesión.

Después del recorrido que acabamos de hacer, podemos sentarnos unos instantes para meditar en esta andadura a través de la cual hemos  redescubierto la historia de nuestra fe y hemos presentado nuestra oración a Dios.

 

                                               François du Penhoat SMA

CAMPAMENTO DE VERANO SMA

Ofrecemos a los jóvenes la oportunidad de vivir experiencias enriquecedoras, que abran sus horizontes: la convivencia con jóvenes de otras culturas.

         Todos los años la Sociedad de Misiones Africanas (SMA), misioneros y seglares, organizamos un campamento de verano. Unos días reconfortantes en los que no faltarán la alegría, la ilusión, la sonrisa y la amistad.

Este verano, como no podía ser menos, ofrecemos esta oportunidad a todos los jóvenes de entre 8 y 16 años que estén interesados por descubrir una faceta nueva en su vida: sentir en su propia piel y descubrir otras culturas y otros hombres.

        Se celebrará durante los días 19 de Julio hasta el 26 del mismo mes, en Huetor-Santillan (Granada). Dispondremos de instalaciones apropiadas: pista de deportes, piscinas, aulas para los distintos talleres que se organizarán, capilla, dormitorios, duchas, sala de video,....

Os aseguramos que no os aburriréis, disfrutareis con juegos, concursos, talleres, horas de baño, deportes, teatros, momentos de oración... 

Carmen Olmedo (Seglares sma)

        

Para mayor información podéis llamar a:

Tel. 91 300 00 41

      661 84 57 56

 

SABIDURÍA AFRICANA 

   

POR QUÉ LAS CABRAS TIENEN MIEDO AL AGUA

    Hace muchos, muchísimos años, todos los animales sabían nadar. Un día, la madre  cabra fue al mercado y se encontró con dos flamencos que vendían pescado. La madre  cabra vio que el pescado era excelente y se dispuso a comprarlo cuando uno de los flamencos le dijo:

-                     ¿Por qué no te apartas un poco? Estás molestando a otros clientes que también quieren comprar pescado.

-                     Lo siento, no me había dado cuenta, respondió la madre cabra.

Y cuando se disponía a darse la vuelta y retirarse un poco para ceder el paso a los nuevos clientes, se encontró frente a un cocodrilo del Volta que estaba allí tranquilamente tomando el sol.

La madre cabra saludó al cocodrilo:

- Buenos días, señor cocodrilo. Qué ¿tomando un poco el sol? Me parece muy bien, siento haberle molestado antes, pero ¿podría decirme el precio que tiene el pescado hoy?

El cocodrilo no le contestó y siguió durmiendo imperturbable. La madre cabra se dirigió a unos pescadores que pasaban por el lugar:

-                     Señores pescadores  ¿podrían decirme, si son tan amables, a qué precio está hoy el pescado?.

-                     ¿El pescado? Pues, no lo sabemos, pero tenga cuidado que tiene detrás un cocodrilo.

-                     Si, ya lo sé, pero está dormido, contestó la cabra echando una ojeada a ese cliente que frecuentaba tan poco  las pescaderías.

Entonces la madre cabra observó que el cocodrilo le cucaba el ojo. No estaba segura de lo que había visto y se acercó un poco más para ver mejor y le dijo al cocodrilo:

-                     - Señor cocodrilo ¿Desea algo? Me ha parecido que cucaba un ojo.

. El cocodrilo siguió sin decir nada, pero dio un respingo, atrapó a la madre cabra con sus inmensas fauces y la arrastró hasta el río, atravesó las aguas y se llevó a la cabra a un lugar seco, muy lejos de su casa. La madre cabra sabía nadar pero no se atrevió a meterse en el agua por temor a que tan desaprensivo animal volviese a cojerla con su horrible dentadura y se la llevase a otro lado o se la comiese, que todo era posible. No tenía otra solución que instalarse allí donde estaba y organizar su vida lejos de los suyos.

Mientras tanto, al otro lado de las aguas, seguían sus hijos que lloraron amargamente la ausencia de su madre sin poder hacer nada por ella. Efectivamente, la madre cabra les había dicho repetidamente que no saliesen de los  alrededores de la casa, que había unas bestias feroces que los podían devorar. Durante un tiempo, no salieron esperando la vuelta de su madre, pero como el tiempo pasaba y ésta no venía y el hambre hacía estragos en sus vientres, se decidieron a ir en busca de alimento, pero como eran muy obedientes, no se alejaron mucho de su guarida. Así crecieron con el recuerdo de su madre desaparecida, pero nunca tuvieron la idea de entrar en el agua por los consejos que les había dado su progenitora.  Llegaron a ser adultos y a casarse y a tener hijos formando juntos una familia muy numerosa, pero sin que ninguno de ellos supiese nadar.

Un día, la madre cabra, viendo que los cocodrilos se habían ido de viaje, se armó de valor y cruzó nadando el río que le separaba de su familia y allí se encontró con que los suyos habían crecido y se habían casado y multiplicado. Formaban juntos un clan numeroso pero ninguno de ellos sabía nadar.

-                     ¿Ninguno de vosotros sabe nadar? No es posible, todos los animales deben saber nadar.

-                     Madre cabra, es verdad que no sabemos nadar. Nadie nos ha enseñado y tú misma nos pusiste en guardia contra todos los animales que pudiesen hacernos daño. Hemos seguido tus consejos y ninguno de nosotros ha tenido el valor de acercarse al río.

Desde entonces la madre cabra dejó de comprar pescado viendo que su familia desconocía las artes de la natación que habían practicado sus antepasados.

 

Este cuento nos enseña que cada uno tenemos el oficio que nos conviene. Pretender realizar o aprender cosas contrarias a nuestras aptitudes naturales no tiene sentido.

 Así es como las cabras se olvidaron de nadar y empezaron a tener un miedo pavoroso al agua.                                        

Cuento de Burquina Fasso

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