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| Nº 175/MAYO/2004 | |
| EDITORIAL | |
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LO QUE VALEN LOS PIES Los pies sirven para mucho: para sostener, para andar, para revitalizar. Son la base sobre la que nos apoyamos, firmes sobre la tierra, estables. Pero también, capaces de mantener el equilibrio de la andadura, entonces se hacen ligeros, flexibles, sin perder estabilidad. Y son un remedio terapéutico, nos los recomiendan los médicos: hay que caminar todos los días. Son también el remedio de nuestros olvidos y mala cabeza: “el que no tiene cabeza, tiene que tener pies”. Pero hay todavía más, son los pies, los inquietos pies, los que nos sacan de nuestros lugares domésticos para descubrir siempre algo nuevo, otros horizontes y, sobre todo, otras personas, o fortalecer lazos que nos unen a ellas. Al principio de curso, buscando un lema que representase el espacio por el que iban a orientarse nuestras reflexiones y actividades, elegimos ese de “Pies para ver, para conocer y para amar”. La explicación es muy sencilla: hemos ideado un camino de tres años que nos permitiera prepararnos a la celebración del 150 aniversario de la fundación de nuestro instituto. Y, para hacerlo más concreto, programamos el camino de Santiago, desde Francia hasta Santiago, en tres etapas. Un camino que es también espiritual, muy misionero, que pretende sacarnos de nuestros campamentos de invierno con el fin de ir al encuentro de otras personas, otros espacios donde descubrimos el paso de Dios, porque siempre esconde en ellos algún signo de su presencia. Es lo que hemos aprendido con los hombres y culturas que encontramos en África. Entonces, sólo entonces, es cuando el amor brota como de una fuente, como la consecuencia natural de todo un proceso. Por eso Pepe titula su artículo, en el que nos habla de su viaje a Africa del mes pasado “Enamorados de Jesús”, porque lo descubre en los encuentros que va haciendo a lo largo de su recorrido por Banikanni, Kalalé, Nikki, Copargo..., lo mismo en los compañeros que en personas conocidas o que descubre. Es también la esperanza que anima a Piluki al dar sus primeros pasos. Qué cosas, unos miembros tan humildes y tan prácticos.
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ENAMORADOS DE JESÚS |
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Es difícil expresar en unas frases los sentimientos y las experiencias que se alojan en las entrañas, en lo más profundo del corazón. Volver a África, aunque solo sea por unos días, es como sentir de nuevo el aire fresco y puro en el rostro, un empuje en el ánimo para no acomodarse en la rutina de nuestra sociedad burguesa. Pareciera que allí el tiempo camina despacio, sin prisas, disfrutando de él mismo, saboreando los segundos que la vida solo nos regala una vez. El caos de la ciudad Sin embargo, al llegar a Cotonou, uno tiene la impresión de que se ha sumergido en el caos más absoluto: miles de motos con un ruido infernal, escupiendo al aire un humo blanco que llena el ambiente de una neblina desagradable; peatones sin orden, cargados de cestos sobre la cabeza que van y vienen no se sabe dónde; coches de desguace que milagrosamente siguen circulando por calles de asfalto agujereado y tierra. Poco duraría aquella confusión urbana, el viaje continuaba por las misiones del norte de Benín, donde nuestros compañeros de España viven y trabajan. La acogida Conforme nos adentramos en el interior del país, la naturaleza cobra protagonismo, los colores se avivan, el aire se hace más respirable y los olores más intensos. El clima y el paisaje van cambiando despacio, nos acercamos al corazón de la sabana. El encuentro con la gente llena de vida el entorno: sonrisas tímidas; abrazos de niños; saludos respetuosos, pero llenos de cariño. Los compañeros, contagiados por las tradiciones africanas, se esmeran en la acogida. Uno tiene la sensación de que está en su casa, con los suyos, y te das cuenta de que las diferencias de color, de cultura y de idioma, no son obstáculo para el corazón. El agua potable En ese ambiente de fraternidad, nuestros compañeros realizan la misión que se les ha encomendado: sembrar razones de vida y esperanza, colaborar en la construcción de la humanidad desde Cristo. No faltan el trabajo ni los proyectos para el futuro. La construcción de pozos que aporte agua potable a la población y evite epidemias e infecciones, es una prioridad. A veces tienen que enfrentarse sin medios a las dificultades del terreno: piedra granítica, barro; en muchas ocasiones hay que abandonar el pozo en mitad de la excavación para intentarlo en otro sitio o, incluso, recurrir a la dinamita. En un contexto de tanta austeridad, algo tan sencillo como la construcción de un pozo, se hace, en ocasiones, muy difícil. Por los más frágiles La atención a los niños, que son los más débiles, es algo fundamental en la misión. Gracias al trabajo de formación y de sensibilización que se viene haciendo desde hace tiempo se han conseguido algunos resultados: se emplea cada vez con más frecuencia la soja en la dieta, aumentan las vacunaciones y se escolarizan más niños. La falta de centros de educación secundaria nos está llevando a la creación de internados para facilitar el alojamiento y los estudios de los jóvenes que se desplazan a estos núcleos de población para continuar su formación y tienen que dejar su pueblo y su familia. En un medio donde la supervivencia depende del trabajo en el campo, los discapacitados físicos o psíquicos tienen poca cabida. Por eso cualquier esfuerzo en la rehabilitación e integración de estas personas es poco: operaciones, prótesis, facilitar una ocupación laboral alternativa a la agricultura… Es un reto difícil, pero al que tenemos que responder desde nuestro compromiso con los más necesitados. Iniciativas en el campo y en la ciudad El futuro aparece incierto para muchos, especialmente para los jóvenes y las mujeres, sobre todo en la ciudad. De ahí la importancia que tienen centros como el de Banikanni, donde las jóvenes aprenden peluquería, costura, a tejer y a tintar telas. También se les enseña a leer y a escribir en su propio idioma, puesto que la formación es la puerta al desarrollo. Otro campo de gran importancia es la sanidad. Se están haciendo grandes esfuerzos en la prevención de enfermedades gracias a la mejora de la calidad del agua y al cuidado en la higiene, pero el camino es largo y a veces difícil. En ocasiones, la tradición no ayuda y la medicina moderna occidental aparece demasiado fría para personas acostumbradas a vivir al calor de las relaciones humanas. Signos de vida Es cierto que las circunstancias y los contextos en los que se desarrollan las misiones son, en muchas ocasiones, dolorosos; pero estos signos de vida resplandecen con fuerza y nos animan a creer y a mantener la esperanza. Así lo viven nuestros compañeros y así lo sienten nuestros hermanos de Benín que, desde su realidad de muerte, saben encontrarse con Cristo resucitado. Comunidades de esperanza Y seguramente es eso lo que más nos impresiona cada vez que nos reencontramos con estas comunidades tan ilusionadas con el Evangelio. A uno se le remueve todo cuando comparte la fe con personas tan sencillas y de tanta hondura. Se hacen kilómetros de sabana para llegar a un poblado de tres familias confundido en la naturaleza, entre adobe y paja; y, sentados sobre una estera, en el patio, hablamos de Dios, del trabajo, de la vida. Descubres que vivir no es caminar con un peso de prisa y agobio para mantener una sociedad de bienestar, sino compartir la muerte y la vida diarias tal y como son, sin disfraces ni eufemismos. Creer en Dios es creer en la vidaHay necesidades materiales, pero también ganas de conocer a Dios, de relacionarse con Él, de seguir creyendo en la vida y de no bajar los brazos por el cansancio o la impotencia. Seguramente es esa la tarea más apasionante del misionero: provocar y favorecer los encuentros con Cristo resucitado, al que descubrimos con más intensidad desde nuestra relación con los hermanos de África. Un tesoro de equipaje Ese es el gran tesoro que me traigo de este viaje rápido e intenso. Todos los proyectos, las construcciones, las animaciones en las comunidades, los esfuerzos, la entrega, las dificultades y las enfermedades, tienen sentido desde Cristo vivo. Los compañeros con los que he compartido estos días en Benín no son aventureros ni locos, sino enamorados de Jesús, será por eso que uno llega de esas tierras con el corazón lleno de amor. Pepe Ferrer. S.M.A |
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| EMPEZANDO | |
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“Aquí
estamos, a mitad de curso...,y yo, formando parte de esta Familia de
Seglares de la SMA.” Son las primeras frases de Piluki que intenta explicar
sus primeras impresiones en el descubrimiento de la Iglesia Universal, una
gran familia que extiende sus ramas por todos los pueblos y culturas y
deja todos los horizontes abiertos. Es posible soñar y es posible
convertir los sueños en realidad, poco a poco, ensanchando el corazón y
la mente. Desde
mi parroquia Hola, soy Pilar, Piluki para la mayoría. Soy Una enfermera de 28 años que llevo poco tiempo colaborando con la SMA ,como miembro del la Familia de Seglares, o eso empiezo a considerarme.
Toda mi vida he estado en grupos de parroquia, especialmente en grupos de animación misionera, en catequesis. Llevo 4 años como voluntaria de Cáritas, trabajando en la acogida a inmigrantes. Cosa que me permite tomar contacto con las miserias que hay en nuestro “querido” occidente. Pero
quizás, llevaba un tiempo echando de menos esa Dimensión Universal de la
que siempre he oído hablar en mi parroquia, gracias a la sensibilidad
misionera que han tenido los párrocos que me ha tocado conocer. En los últimos
años ese espíritu ha sido sustituido por otro que se centra más en la
Iglesia local, que no mira más allá del barrio en el que le ha tocado
ubicarse...y que se empobrece a sí misma. La
Pascua es paso Por distintas circunstancias, hace 3 años, en la celebración de la Pascua en Ávila, conocí a Joaquín, misionero SMA. Comencé a tener contacto con este Instituto Religioso, más tarde comencé a oír hablar de seglares que colaboraban estrechamente con ellos, y, tras darle muchas vueltas, en octubre de 2003 me fui con ellos de convivencia para conocerles. Allí, se habló de las actividades que habían realizado el curso anterior, las que tenían previstas, desde qué planteamientos...,se rezó, se discutió, se pasaron buenos ratos, y me mostraron así un grupo vivo, con ganas de trabajar desde aquí por otros que no tienen la suerte de conocer a Cristo. Se encuentra lo que se busca Me pareció un grupo “con los pies en la Tierra”, que desde aquí no olvida a los que están lejos. Desde entonces ha transcurrido poco tiempo, pero me alegra haberme encontrado de nuevo con esa Iglesia Universal que mira más allá de su ombligo. Gracias
a Dios existen más instituciones en este mundo trabajando por la
transmisión del Evangelio, y la promoción humana que esta implica, más
allá de nuestras fronteras. Supongo
,que cada uno busca su lugar según sus inquietudes, y así encuentra. Sencillez y alegríaEl trabajo de Evangelización en
África, ese continente tan desconocido para muchos de nosotros ,del que
parece que sólo recibimos noticias de desgracia, lo estoy conociendo con
la sencillez y alegría que
me transmiten los que ya han estado allí. Continente Negro del que
podemos aprender mucho este occidente tan estresado. La forma de trabajar allí,
unido a la libertad ,la
independencia que se da a cada miembro de la SMA, respetando el proceso y
ritmo de cada uno, es algo que me atrae
y me hace querer estar aquí. Quiero compartir mi feNo sé a qué me llevará esto
dentro de unos años, de momento, quiero seguir compartiendo mi fe y dar
pasos que, ojalá algún día, me lleven a África. No sé de qué manera. Sé que quiero conocer “in
situ” esa realidad, pero el tiempo lo irá diciendo. De momento sólo he empezado a
caminar. Piluki (Seglares sma) |
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| SABIDURÍA AFRICANA | |
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EL DESTINO DEL HOMBRE
Érase una vez, hace muchos, muchísimos años, un siervo del rey de Kumasi, en Costa de Oro, que trabajaba en una plantación. Cada vez que iba allí, durante el trayecto o cuando cultivaba la tierra, no cesaba de lamentarse de su suerte diciendo: -
Señor ¿por qué soy tan desgraciado? ¿por qué me has hecho tan
pobre que tengo que trabajar sin descanso para poder vivir y sostener a mi
señor?. Un
día que estaba sembrando boniatos y refunfuñando como de costumbre, vio
bajar muy cerca de él una plataforma de cobre sostenida por una cadena en
cuyo interior había un niño de rasgos blancos y enormes orejas. Lo miró
atentamente y reconoció en él a un hijo del Cielo. El recién llegado le
dijo: -
Mi Padre Niamien (Dios) me envía a buscarte. El
niño le pidió que subiese a la plataforma, le dejó un sitio a su lado.
Ambos iniciaron la ascensión a las alturas El viaje duró bastante tiempo
y finalmente se presentaron ante una pesada puerta que el hijo del Cielo
abrió sin dificultad. El servidor descontento se encontró de repente
ante la plaza de un pueblo donde las gentes corrían de un lado para otro.
En medio de la plaza había una silla de oro sobre la que se sentaba un
hombre distinguido, vestido con unas ropas maravillosas. Le hizo señas de
que se acercase y le dijo: -
Hasta aquí llegan tus lamentos. Eres incansable, pero no te das
cuenta de que yo no tengo la culpa de nada. En este pueblo que ves, viven
las familias de todos los hombres que hay en la tierra. Elige el lugar y
la residencia que te agraden porque vas a quedarte con nosotros un tiempo. Dios
le puso a su disposición un guía y el siervo se dispuso a recorrer aquel
pueblo que parecía que no tenía fin. Había unas mansiones muy bellas
donde vivían personas que
tenían a su disposición muchos criados, que vivían holgadamente y no
tenían que trabajar. También pudo ver chozas miserables ocupadas por
gentes pobres que ejercían los mismos trabajos que los habitantes
de la tierra. En una de estas chozas reconoció a los suyos y dijo
al guía: -
Esta es mi casa. Cuando
terminaron de recorrer el
pueblo, regresaron a la residencia de Dios y le contaron lo sucedido. Dios
le dijo: -
Recuerda el patio de tu casa. No hay nada. No tienes nada y el hijo
de una familia pobre no puede convertirse en rico, no sabría qué hacer.
Si un día el pobre hace fortuna, el dinero se le escapa de las manos como
el agua, pero como eres sensato, voy a hacerte un regalo: Aquí tienes dos
sacos, uno grande y otro pequeño; uno es para ti y el otro para tu señor
(dice la tradición que los reyes de Kumasi fueron los primeros hombres
que llegaron a la tierra. Eran blancos y descendían del cielo). Te
advierto una cosa: no abras tu saco hasta que no hayas presentado mi
regalo al rey de Kumasi. El hijo del
Cielo vino a buscar a nuestro hombre y lo volvió a dejar sobre la tierra.
Durante el camino, el siervo se dijo: nadie sabe que Dios me ha dado dos
sacos, así es que puedo esconder el más grande y presentar el más pequeño
a mi señor”. Así lo pensó y así lo hizo. Cavó un agujero profundo y
enterró el saco más grande y guardó el más pequeño; cuando se presentó
ante palacio, el rey lo recibió con muestras de alegría porque se había
ausentado durante mucho tiempo y lo creía perdido. El siervo contó al
rey lo que le había pasado y terminó su discurso presentando a su
majestad el saco que Dios le había confiado. El rey lo abrió y vieron
que contenía oro en polvo. El viajero
del cielo se creyó rico al contemplar el saco de su señor, el suyo era
mucho más grande. Se fue corriendo a su plantación y desenterró lo que
había escondido mientras soñaba en el tesoro que se iba a encontrar que
le iba a convertir en el hombre más rico de la tierra; lo abrió y, al
mirar en su interior, se llevó la desilusión mayor de su vida, sólo
contenía piedras. De esta
forma se cumplió lo que había dicho el supremo hacedor: el pobre no
puede ser rico. Ese es su destino, lo mismo en el cielo que en la tierra
en que vivimos. La vida en el Más Allá será semejante a la de aquí: el
que es poderoso y feliz en esta vida, lo será también en la otra, y será
lo mismo para el que sufre y padece necesidades aquí, también las
padecerá en el cielo. Cuento
añí de Costa de Marfil |
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