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| Nº 172/FEBRERO/2004 | |
| EDITORIAL | |
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EL SELLO Itinerancia es una palabra que no viene en el diccionario de la lengua. Encontramos, sin embargo, itinerario e itinerante. La itinerancia sería la condición del itinerante, del que va de un lugar a otro ¿no?. Entonces ¿no existe tal condición? la vida de los caminos, del peregrino incesante, del que no tiene ni una piedra donde reposar su cabeza porque a la noche siguiente va a dormir quien sabe dónde... ¿no consta?. Si consta. Es el estilo de Jesús de Nazaret recorriendo los pueblos de Galilea sin tener casa propia ni mesa puesta, que va al encuentro de sus habitantes con palabras de aliento y gestos de bondad. No se detiene en lugar alguno, no se instala, hasta que concluye su misión sobre la cruz. Es entonces cuando el centurión lo reconoce como Hijo de Dios. Es el camino el que marca la pauta, los encuentros y el horizonte. Recuerdo el viejo y tosco sello de nuestra casa general de Roma: aparece en él un borriquillo, María sobre su grupa y José a su lado. Los trazos son elementales. Peregrinos ya en busca de un refugio. Es el sello que marca nuestra itinerancia africana y anda por todos los papeles oficiales, un humilde recuerdo de nuestra condición de itinerantes al encuentro del hombre con su cultura, sensibilidad y búsqueda de plenitud; una itinerancia sin fin ni descanso si no es el descanso de los caminos, de pie, para seguir de nuevo. Un día eres fon con los fon, otro bariba con los bariba y mañana gando con los gando o boko, con el fin de hacer un mismo pueblo. Dentro de dos años, en 2006, vamos a celebrar el
150 aniversario de la fundación de nuestro instituto misionero, la SMA,
reintroduciéndonos en la itinerancia que es nuestra condición, nuestro
carisma, con la esperanza de que os sintáis concernidos y participéis,
si es posible, a las actividades que organizamos con este fin.
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TESTIGOS DE DIOS |
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Después de casi trece años en Benin muchas son las personas que me han dejado huella, que me han sorprendido o me han dado grandes lecciones de humanidad. Hombres y mujeres que, a pesar de su sencillez, pobreza y analfabetismo son muy grandes para mí y, a través de ellos, he descubierto algo más de la imagen de Dios en mi vida y de mi vocación. SALAMATU
Salamatu
acaba de morir hace poco. Ahora quisiera recordarla porque es una
de las mujeres que más me han impresionado por su capacidad de sufrir, su
paciencia y su paz a pesar de la enfermedad y de los dolores que nunca la
abandonaban. UN CAMPAMENTO PEUL Un
jueves por la tarde aparecen cuatro personas que me hablan de una mujer
que tiene el brazo muy hinchado. Les pregunto si no puede venir a la Misión
para poderla ver, me contestan que practicamente no puede andar. Me hago
una idea de lo que me voy a encontrar al día siguiente cuando, acompañado
por su padre que hace de guia, iré hasta el pequeño campamento Peul que,
aunque a tan solo tres
kilometros, lo ignoraba por completo. UNA
PROFUNDA FE
Llegamos
al campamento. Mi visita es recibida con diversidad de opiniones, con
alegría por parte de los adultos pero con llantos por parte de los pequeños
que apenas habían visto
antes a un blanco. Me presentan a Salamatu. Está
sentada sobre un pequeño taburete y envuelta
en un paño. Me enseña su brazo que me hace exclamar: “¡Dios mío!;
está muy hinchado y debe producirle fuertes dolores”. A pesar de todo,
su rostro me transmite una profunda paz y una tranquilidad que me
sorprende. Es
el primer trazo que se marca en mi interior.
Me presentan también a su hijo de tan solo dos años. Me explican
lo que saben de la enfermedad y me apuntan ligeramente lo que les gustaría
hacer. Yo les propongo llevarles a Tanguieta, al Hospital de Sn. Juan de
Dios, el domingo siguiente, ese día había quedado en ir a visitar a un
compañero que está ahí internado. UN
DOMINGO DE RAMOS
Es
domingo de Ramos y después de celebrar la Eucaristía en dos comunidades
distintas, paso a recoger a Salamatu en su campamento. Me esperan. Todos
están preparados para el viaje: lámpara, comida, esteras y alguna que
otra cacerola; el equipaje no puede ser más humilde. La acompañan sus
padres, un hermano y su marido. Los
110 kilómetros se me hacen eternos viendo a Salamatu en la cabina
intentando encontrar la buena postura para su brazo y protegerse de los
vaivenes de la pista. Imposible, cada cinco minutos tenia que cambiar de
postura. Cuando le pregunto
si le duele mucho me responde “non, mon Père” con una sonrisa que me
vuelve a deslumbrar. Finalmente
llegamos a Tanguieta. Nos recibe el Doctor Florencio, un hermano de San
Juan de Dios, un gran hermano y un excelente cirujano, es el mejor de
Benin. El pronóstico no
tiene duda: cáncer. La única
solución es la amputación del brazo y ya me advierte que es posible que
no dure muchos años. -
¿Merece
la pena operarla?. pregunto yo -
Si
fuese mi hermana y no tuviese problemas económicos, yo se lo amputaría,
aunque no es fácil, tendrá mucha pérdida de sangre. -
Problemas
económicos tengo pero no me importa, ya encontraré la solución. Voy a
ver qué dice su familia. Se
lo explico a Salamatu que lo acepta con un resignado silencio. Su familia,
sin embargo, no quiere oir hablar de ello y deciden volverse a casa. Yo lo
acepto resignado aun sabiendo que su futuro será muy incierto.
-
Marcos,
hemos estado hablando con ella y hemos decidido que nos quedamos. Es mejor
vivir sin un brazo que morir. Tres
días después Salamatu fue operada. Se le amputó el brazo hasta la misma
clavícula. Diez días despues, fuí a verla y mi sorpresa fue,
otra vez, encontrarla sonriente y con su rostro radiante de paz.
Un mes después se va a su casa. Salamatu no se esconde por no
tener brazo, va por el mercado vestida con elegancia y una pañoleta
alrededor del cuello cubriendo el vacío de su miembro. A
mi vuelta de vacaciones sigue bien. Me visita con frecuencia y me trae de
vez en cuando alguna gallina o ñame. Parece feliz, y muestra una alegría
inalterable. Pero no durará mucho Salamatu cae enferma de nuevo. Se queja
del pecho y tiene problemas para respirar. Voy a verla
y la encuentro muy
cansada, pero en el rostro la misma paz y serenidad de siempre. Le digo
que es mejor ir otra vez a Tanguieta y me responde: -
Lo
que tu quieras, lo que Dios quiera. Pienso
que intuye la gravedad de la situación. La llevo a Tanguieta donde muere
en la paz que siempre tuvo.
Que Dios se la dé ahora en plenitud. Marcos
Delgado. SMA |
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| PEQUEÑOS MILAGROS | |
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Almudena
escribe a Lola que ha pasado este verano un par de meses con ella, en
Pereré. Es una carta sencilla, en ella escribe las cosas de la vida
cotidiana tras las que se observan detalles de gran ternura en las
actitudes, en los gestos, a través de los cuales se intenta vivir la
solidaridad. Al mismo tiempo se construye un templo donde la comunidad
cristiana se encuentra con Dios. PREGUNTAN
POR TÍ
Lo
primero mandarte los recuerdos de los gandos y de la familia de Sidi que
todos los días me preguntan que cuando vienes. LA
HISTORIA QUE TE PROMETÍ
Te
tenía prometida una historia, aquí va: « Resulta
que hace como un mes o un poco más, uno de los gandos, Woru, tuvo un
pequeño problema. Durante el tiempo del "noviazgo", los suegros
pueden pedir trabajos campestres al futuro yerno, y éste, normalmente, va
a trabajar el campo de su suegro con los familiares y amigos. Bueno, pues,
el año pasado le pidieron la paja para cubrir la casa. Tuvo que hacer el
trabajo solo, nadie del poblado le ayudó. Este año le pidieron que
preparara el campo de ñame. El caso es que el día de la misa en Bonru,
el pueblo bariba donde dejábamos el coche, Woru comentó su problema con
la comunidad cristiana bariba. Dijo que sus suegros le habían pedido un
trabajo y que la gente del poblado le había dicho que el año anterior no
le habían ayudado porque iba a la oración de los cristianos y quiere
pertenecer a su Iglesia; así es que este año tampoco le piensan ayudar
por la misma razón. Woru dijo que no sabía qué hacer. Los baribas le
dijeron enseguida que ellos le echarían una mano. UNA
FIESTA
El
día de trabajo era un miércoles y allí se presentaron más de 20
baribas acompañando a Woru al campo de los suegros. Cuando los
gandos les vieron no daban crédito a sus ojos, ¿los baribas ayudando a
los gandos en el campo ?. Algo increible pero real y ellos no podían
quedarse sin hacer nada, les
dio vergüenza y se unieron a los primeros. Al final resultó un día de
fiesta y fraternidad. Los baribas volvieron a casa con pollos y ñames de
regalo ».
A mi me pareció un pequeño milagro que salió de ellos mismos. Nosotros fuimos espectadores, no intervinimos, sólo observamos cómo barreras culturales que parecían inamovibles se caen, al menos momentáneamente, para contribuir a la felicidad de un hermano. LA ESPERANZA DE LAS PEQUEÑAS COSASBueno, esta es la historia. Son las pequeñas cosas y los pequeños milagros que nos dan esperanza. Por lo demás estamos bien, cansados, la verdad. Andamos todos pensando en unos días de reposo después de la inauguración de la Iglesia que tendrá lugar a primeros de Enero, porque ya no podemos más. La Iglesia está casi terminada, quedan algunos detalles dentro, pero poca cosa. Ha quedado muy bonita y con los dibujos de la historia de la Iglesia queda muy original. Todos los días hay alguien que viene a contemplar los muros y las pinturas. Yo creo que es un templo que invita a la oración. BENDICIÓN
DE LA IGLESIA También
preparamos la Navidad, por sectores, y en Perere. Además, el 25 es el
cumpleaños de Vincent, lo tendremos que celebrar y después, la carrera
final hasta la inauguración.
Aquí
van estas pequeñas noticias. Te deseo una feliz semana. Gandigui. Ah,
se me olvidaba, ayer llegó Marisol, la monja de Nikki que ha venido aquí
para estudiar el bariba. Ayer empezamos de nuevo, ya sabes: « Woru !,
Woruo ! mana a waan? », la primera lección; por algo hay que
empezar. Almudena Marí Saez, SMA |
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| SABIDURÍA AFRICANA | |
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EL OGRO Y ALE El Ogro, al que también llamaban el Astuto, y Ale eran muy amigos. Se querían de verdad y se confiaban todos los secretos. Ambos solían ir juntos de caza y colocaban sus cepos en el bosque, cada uno los suyos, y cada uno los recogía por la tarde con las piezas que habían caído durante el día. La suerte era incierta, unas veces ganaba Ale y otras el Ogro. Ambos gozaban de una suerte cambiante, pero eso nunca creó entre ellos ni celos ni desconfianzas Los dos se daban una vuelta por la tarde para recoger el botín del día. Aquella tarde, la pieza de Ale era mayor y de mejores carnes que la del Ogro, la diferencia era notable y es así como nació la envidia en el corazón del Ogro contra su amigo Ale, hasta el punto que no paraba de darle vueltas a la cabeza buscando un medio para sustraer la caza de Ale, hasta que no pudiendo más, dijo a su amigo: -
Querido amigo, creo que lo mejor que podemos hacer es
comernos aquí mismo la caza del día. Llevarlas hasta nuestras guaridas
me parece una tarea poco menos que imposible, perderemos el tiempo y nos
cansaremos en vano. Lo mejor es que nos sentemos en este lugar que parece
acogedor y demos buena cuenta de lo que hemos cazado. Para eso somos
amigos, para compartir todo lo que tenemos. Venga, trae lo que tú has
cogido, vamos a empezar por tu pieza, que es la mejor, y luego seguiremos
con la mía. El Ogro pensaba comerse la caza de su amigo y conservar la
suya. Pero su amigo Ale no era tan tonto como se creía el Ogro, la verdad
es que le había sorprendido mucho su actitud, nunca había actuado así,
pero enseguida comprendió cuales eran las intenciones de su amigo y
respondió: -
Amigo mío y querido. Estoy de acuerdo con que nos
detengamos aquí para comer y no tener que arrastrar la caza hasta
nuestros hogares que están lejos, pero creo que es mejor que nos comamos
la tuya que es más flaca y poca cosa y conservemos la mía que es mayor. Ale quería conservar su animal y llevárselo a
casa vivo, tal como lo conservaba hasta el instante. El Ogro aceptó la
idea de su amigo y se comió
de forma egoísta y glotona su caza dando solamente a su compañero de
aventuras la lengua de su animal..Éste la metió en la boca pero no se la
tragó.. Poco después, una fuerte discusión surgió entre los dos amigos
preparada por el Ogro; y cuando más fuerte se discutía el Ogro reclamó
la lengua de su animal pensando que Ale se la había comido ya, pero Ale
la sacó de su boca y se la entregó sin ninguna protesta ni enojo. El
Ogro, no pudiendo llevar a efecto sus planes, se excusó e invitó a su
amigo a tragarse la parte que le correspondía de su pieza , pero Alè no
le hizo caso y cada vez que el Ogro se volvía a enfadar y a exigir la
devolución de su lengua, Ale se la presentaba hasta que Ale creyó que la
discusión había terminado y se comió definitivamente la carne.. El
Ogro, buen observador, se dió cuenta de que por fin su amigo se había
tragado la lengua de su animal y volvió a reclamársela. Ale, no sabiendo
cómo reaccionar, confesó que se la había comido. ¿Qué va a decir? No
lo podía negar. -
Si es así, vamos a matar a tu animal y nos lo vamos a
comer ahora mismo; argumentó el Ogro lleno de cólera fingida y dispuesto
a realizar sus deseos. El Ogro mató la caza de Ale y a éste le entregó
la cabeza guardándose el
resto del animal. Ale se calló, no quiso discutir, era inutil. Así es
que, sin decir nada marchó camino adelante fingiendo
una humillación que le era difícil soportar. Abandonó a su amigo en el bosque y se adelantó un buen trecho. Cavó un
agujero profundo y se metió dentro sosteniendo con sus manos la cabeza
que le había dado su amigo. Nadie se podía imaginar que alguien sostenía
esa cabeza desde el interior del agujero. Era una trampa que había
preparado para vengarse del Ogro. Al poco rato apareció su ilustre amigo feliz y
orgulloso de haber vencido a su compañero sustrayéndole con su ingenio
la carne tan exquisita que había cazado ese día. De repente, descubrió
en el suelo una cabeza misteriosa que emergía de la tierra produciendo un
ruido de ultratumba. Eso no podía ser nada más que un fetiche y el Ogro,
aterrorizado, cayó de rodillas. La voz decía: -
Ogro, te estás portando de manera irrespetuosa. Esta
tierra es sagrada y la has profanado, dame las piernas del animal que has
cazado. El Ogro se las dio, pero el fetiche no se contentó
con ello y pidió las costillas, el lomo, toda la carne que el Ogro había
sustraído a su amigo Ale. -
¡Y ahora quiero que me des una de tus piernas!, gritó el
fetiche. El Ogro, temblando de miedo, inició una veloz
carrera a través de la sabana que desapareció en un instante y no se le
volvió a ver más, temeroso de la voracidad de aquel fetiche. Mientras
tanto, Ale salió de su agujero y recogió la carne que el Ogro había
abandonado. Así es que, en la amistad, es mejor confiar
enteramente en el amigo y no ocultarle nada con la precaución de que uno
se puede encontrar en la vida con alguien más astuto que uno mismo, por
muy inteligente que se crea. Cuento
recogido por Rafael Marco SMA |
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