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Crónica:
José Ramón Carballada, sma
Los precios de los alimentos suben
y hunden en la miseria a millones de africanos
Poblaciones urbanas tranquilas que habían encontrado un “modus
vivendi” con la pobreza a base de paciencia y mucho ingenio se
han lanzado a la calle a protestar porque las madres no soportan
dejar a sus hijos sin comer y no se retiran delante de las
porras eléctricas de los antidisturbios. El ministro del
Interior de Senegal tuvo que dimitir a causa de este conflicto.
En la calle de cualquier ciudad no se habla de otra cosa.
¿Qué precios han subido?
Los precios de la cesta de la compra: el arroz, el maíz, la
harina de trigo, el aceite de palma o cacahuete, el azúcar o la
leche subieron entre un 30 y un 50 por ciento en estos primeros
meses de año. El saco de 50 kilos de arroz pasa de 20 a 27 €.
El comisario de la Unión Europea para el Desarrollo declaraba el
día 8 de abril que la subida de los precios de los productos de
primera necesidad en África conlleva el riesgo “de un verdadero
tsunami económico y humanitario”.
Por miedo a la hambruna o por estrategia comercial países
exportadores de arroz han disminuido sus ventas. Las
subvenciones a la producción de cereales para biocarburantes
aumenta la dimensión de estos desequilibrios en el comercio
mundial de cereales. En un año, en Europa, la tonelada de trigo
pasó de 103 a 130 €. La gran mayoría de las familias africanas
están totalmente indefensas para afrontar esta situación. Aunque
los gobiernos han reducido tasas de aduana e IVA los precios
siguen fuera de control.
Mirando a medio plazo
La solución será la de dar prioridad a la producción de
alimentos para autoabastecer el mercado interno. El gobierno de
Sierra Leona, en donde el precio del arroz de disparó un 300%,
quiere lograr en dos años el autoabastecimiento y prohibir
entonces la importación de arroz para fortalecer el mercado
local.
Con esta crisis la agricultura africana tiene la oportunidad de
desarrollarse poniendo sobre el mercado los cereales, legumbres,
aceite y azúcar que necesitan los grandes centros urbanos del
continente. Necesitarán semillas, tecnología, silos para la
conservación de las cosechas y medios de transporte.
Se ve también la necesidad de una industria agroalimentaria
para elaborar los productos porque las mujeres que trabajan en
la ciudad no tienen tiempo para poner el grano a remojo e ir al
molino para preparar cada día la comida familiar y, cada vez se
comen más arroz, pastas y sémolas importados porque se cocinan
con facilidad.
Para los misioneros y para toda la Iglesia la producción de
alimentos y su transformación para facilitar la vida de la
población es un reto ineludible. Es posible que durante este
tiempo de crisis el Señor nos recuerde: “Tuve hambre y me
disteis de comer” pero nuestra perspectiva será la que nos
propone el libro del Deuteronomio: “Celebrarás la fiesta de las
tiendas durante siete días, una vez que hayas almacenado los
productos de tu era y tu lagar. Durante siete días celebrarás la
fiesta en honor del Señor tu Dios en el lugar que elija el
Señor, porque el Señor Dios bendecirá todas tus cosechas y todos
tus trabajos, de manera que estarás realmente contento.
(Dt 16,13-15)
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