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CRÓNICAS:
PIlar Nuñez
Una gran experiencia.
Álbum de fotos
Hace un mes regresé de Benín, de África.
Llegas con la cabeza llena de ideas, de percepciones, de cosas
que se han “removido” por dentro. Incluso con la sensación de
que podría ser factible ir un tiempo a vivir allí. Aportar tu
grano de arena para mejorar en algo la vida de otros. Poner lo
poco o mucho que eres, al servicio de otros…aún a sabiendas que
no por ello el mundo va a cambiar…ni lo vas a salvar…
La frase típica: “hasta que no vas allí no ves realmente cómo
vive la gente”, suena repetitiva, pero de verdad, una vez que
vuelves, así lo sientes.
Soy Pilar, una enfermera que llevo colaborando, bueno formando
parte de la Familia de Seglares SMA desde hace unos tres/cuatro
años. Desde entonces he ido conociendo un poco de ese continente
tan asombroso que es África. Un lugar del que, aquí en
occidente, no recibimos mucho más que noticias de desgracia,
conflictos bélicos, muertes, SIDA…y que en muchos casos se queda
en poco más que “pobrecitos” mientras sigo comiendo al tiempo
que veo el telediario.
Tras llevar un tiempo en contacto con el trabajo que estos
misioneros realizan en África, surgió en mí la inquietud por
conocer de primera mano esta realidad.
Un consejo que me dieron antes de partir: “ver, oír, empaparte,
pero no juzgar”...y eso he tratado de hacer.
Nada más aterrizar en el aeropuerto lo primero que sientes es
que eres blanca. Ha sido la primera vez que he viajado a un país
en vías de desarrollo, y, acostumbrada a pasar desapercibida,
allí sientes que eres blanca…ni mejor ni peor. Es Cotonou, la
ciudad más importante del país, aunque no sea la capital.
Bajas del avión .El calor, los olores, los colores, los sabores
(la ropa, el paisaje, la comida…) son diferentes.
Vas en coche por la ciudad, ves todo terrenos, pero lo que
mayoritariamente transitan son motos y vehículos no muy
actuales…suerte el día que funcionan los semáforos… El concepto
de ciudad…es distinto
Al día siguiente partimos hacia el norte en la Toyota de Lola,
una misionera seglar que lleva un tiempo allí. Subimos en
principio por carretera, más tarde las pistas de tierra te
permiten llegar donde realmente quieres ir.
Gracias a los misioneros he tenido la oportunidad de asomarme a
la vida de otras gentes, conocer in situ cómo es el día a día.
Percibes que no son esos “pobrecitos” por los que sólo se puede
sentir pena, sino gente, personas con una dignidad, unos
valores y una cultura propia que en muchos casos ya quisiéramos
aquí. No quiero caer en la demagogia de decir que ellos en su
situación son felices y con eso basta. Creo que eso sería ruin
por mi
parte.
Es cierto que tienen sus valores , el sentido de familia es muy
importante, los abuelos son alguien más que ese al que se deja
abandonados en residencias o similares…porque “estorban”, y,
dentro de los pocos recursos de los que disponen viven con
dignidad...cuando el hambre por las escasas lluvias se lo
permite, no olvidemos ese pequeño detalle.
La realidad que se puede percibir en un mes es dura. La gente se
muere porque no hay dinero para pagar la medicación, no llegan a
tiempo...o no hay recursos disponibles y adecuados con los que
tratarles correctamente. Tras las cosechas ya se conseguirá
dinero y la gente “puede” darse el lujo de caer enferma (¡qué
lujo!)… sin echar la culpa a gobiernos, multinacionales,…que
evidentemente tienen su importante papel,… ¿dónde quedamos
nosotros con todo esto?
Ante esta pregunta, ves a personas como Lola, Ángel, Isidro,
Satur, Paco, etc., etc., (y muchos más que no querría olvidar)
que están allí viviendo su día a día con el hermano necesitado,
con el que conviven y por el que se preocupan. A fin de cuentas
viven ese Evangelio que oímos los domingos…de un tal Jesús que
con su amor hace que la gente se cuestione y se transforme sin
pedir nada a cambio.
Yo sé, que como todos los que hemos nacidos aquí, en Europa, en
Occidente, no tengo la culpa de ello. A cada uno nos toca vivir
una realidad y no me voy a flagelar por haber nacido en un país
desarrollado, con unos recursos que me han permitido acceder a
una educación, un trabajo y una vida digna con ciertas
comodidades. Pero creo que uno, no sólo como cristiano sino como
persona, no puede quedarse indiferente, y, en función de sus
circunstancias personales, no olvidarse de aquellos que tienen
menos y necesitan de otros para vivir…
Con todo esto no quiero transmitir una idea de pobreza .Lo que
he vivido estos días desde luego ha sido ante todo
enriquecedor, tanto a nivel humano como personal. Contactar con
gente de otra cultura, otra forma de entender la vida siempre te
aporta cosas nuevas. Te cuestiona ver el diálogo ecuménico con
musulmanes en algunos de los pueblos que hemos visitado. En
zonas cerca de Nigeria percibes más radicalidad en las posturas,
pero en otros sitios ves que hay un trato cercano, no esos
extremismos que a veces se viven aquí. Puedes ver a gente que se
acerca al cristianismo porque se les presenta a un Dios amor que
les quiere cómo es, con su cultura, y que les quita esa
esclavitud que ciertas creencias (que aquí entenderíamos como
supersticiones) hacen que vivan con miedos...gente se lo
“curra” por ser cristiano…
Te dan ejemplo de fe y perseverancia….y ante todo también ves
alegría en su día a día, en sus esfuerzos por salir adelante.
Y después de tanto divagar, ¿qué deciros?
Pues… supongo que todo lo visto y vivido hay que dejar que tome
su tiempo, como los buenos vinos, y ver de que manera dar forma
a esas “inquietudes que se han trastocado”.
No sé en que cambiaré mi vida, o no,…a lo mejor en nada, pero de
lo que si vengo convencida es de seguir formando parte de esta
familia, la SMA. Lo que hacen por aquellos más desfavorecidos
merece la pena .Y, para mí, algo muy importante, siguen siendo
ejemplo de Iglesia Universal que se preocupa por otros hermanos
más pobres, esa de la que oímos hablar en las homilías, pero que
a veces te cuesta identificar en este mundo en el que vivimos.
Un saludo.
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