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Diciembre es para
nosotros un mes especial. Fue en diciembre, el día de la
Inmaculada, cuando nuestro fundador, monseñor de Marion Brèsillac,
ofreció a la Virgen, en el santuario de Lyon sobre la colina de
Fourvière, el proyecto misionero que comenzaba. Conscientes de la
responsabilidad y el
riesgo, y empujados por la Iglesia que les enviaba, encomendaron a
la Sagrada Familia, en su peregrinar a Egipto, la protección de la
Sociedad de Misiones Africanas. Como ellos, nos encontramos por
los caminos y marchamos unidos llevando el tesoro más preciado que
pueda existir: Jesucristo.
Desde entonces,
han pasado ciento cuarenta y nueve años respondiendo a la vocación
misionera desde el carisma que nos une: la primera evangelización
y la formación del clero autóctono. Un camino que no ha sido
fácil. Durante mucho tiempo, la esperanza de vida de los
misioneros que llegaban a África era de dos años como máximo; la
fiebre amarilla y el paludismo mataron
a muchos sacerdotes, pero no acabaron con la Misión que la Iglesia
nos había confiado. No faltaron jóvenes vocaciones dispuestos a
dejarlo todo para ir a los lugares más recónditos de un
continente, entonces, desconocido y dar testimonio de Jesucristo,
liberación y esperanza de los pobres. El primer equipo apostólico
que se envió a Sierra Leona, desapareció en unos meses, víctima de
una epidemia de fiebre amarilla; monseñor de Marion Brèsillac
formaba parte de este grupo. Así, la SMA, empezaba su camino
marcada por la muerte y la dificultad.
Mientras tanto,
otros compañeros trabajaban en Europa para asegurar la continuidad
de la Sociedad. España colaboró desde el principio, tanto enviando
misioneros como contribuyendo con generosidad a los gastos
económicos que la SMA tenía. El padre Fernández, de la diócesis de
Lugo, llegó a Ouidah, en la costa de Benín, el 18 de abril de
1861. Dos años más tarde moría de fiebre amarilla. Desde ese
momento, la presencia de misioneros españoles en la SMA ha sido
continua. Asimismo, por esos años, el padre Papetard organizaba
colectas por las parroquias de España para garantizar la vida de
los misioneros que marchaban a África. La respuesta fue mayor de
la se esperaba y la generosidad del pueblo español superó
cualquier previsión. Todos hicieron posible que ese proyecto que
con entusiasmo se ofreciera a la Santísima Inmaculada, siguiera
adelante a pesar de las muchas dificultades que sufrieron.
Padre Parpetard
Hoy seguimos
fieles a esa vocación de entrega, de evangelización, de pasión por
África y sus gentes. La familia de la Sociedad de Misiones
Africanas continúa dando testimonio de esperanza y de vida,
consciente de las dificultades y asumiendo los riesgos que
encuentra en el camino. Como antaño, tanto los que se desviven
entre los poblados, como los que generosamente comparten lo que
son y lo que tienen, su tiempo y su oración, desde su país de
origen, formamos una sola familia misionera: sacerdotes y
seglares, amigos y colaboradores, familiares y bienhechores
anónimos. Nos une la Misión, la pasión por África y un proyecto:
el Reino de Dios.
Miramos hacia
atrás orgullosos de nuestro pasado, vivimos el presente con el
estímulo y la intercesión de nuestros compañeros mártires, y
afrontamos el futuro con esperanza, porque es la Misión de Cristo
y de su Iglesia y no una tarea personal o un capricho de
aventura. Desde ahí, queremos preparar el ciento cincuenta
aniversario de nuestra fundación. Un siglo y medio de andadura que
no es para nosotros un refugio de añoranza o una justificación
nostálgica; al contrario, es motivo para actualizar nuestra
vocación y compromiso misioneros, para buscar respuestas eficaces,
con valentía y confianza, a los nuevos retos que la Misión nos
presenta, continuando el espíritu de los que nos han precedido en
esta familia misionera.
La Sociedad de
Misiones Africanas comienza un año de preparación que culminará en
la fiesta de la Inmaculada de 2006. Durante estos próximos meses,
profundizaremos en nuestro carisma, en nuestra historia y en la
vocación misionera; abriremos esta familia a todos los que se
identifican con este proyecto, desean conocer la Misión y quieren
compartir su vida con los más pobres de África.
Con este número
especial de “Selva y Sabana” señalamos la importancia que tiene
para nosotros este acontecimiento y os hacemos partícipes de
nuestra alegría. Ciento cincuenta años por los senderos de África,
apasionados y enamorados de sus gentes, caminando con ellos y
sostenidos por vosotros, que habéis hecho, hacéis y haréis posible
este sueño. Gracias por formar parte de nuestra familia. Cogeos de
nuestra mano y sigamos caminando con Jesús al encuentro del hombre
africano.
Pepe Ferrer
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