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Crónica:
Mensaje al Superior General de la Sociedad de
Misiones Africanas
"La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo
el Señor" (2 Cor 1:2).
Con
gran afecto en el señor dirijo mi saludo a usted y a todos los
miembros
de la Sociedad de Misiones Africanas con motivo del 150
aniversario de la fundación de la congregación. Asegurándoles mi
oración, doy gracias al Señor, por vuestra entrega al anuncio
de su reino. Estoy seguro que vuestra celebración, guiada por el
Espíritu Santo e inspirada por el coraje y la generosidad de
vuestro fundador, el servidor de Dios Monseñor Melchior de
Marion Bresillac, será fuente de animo para todos los sacerdotes
y hermanos a renovar vuestro compromiso de testigos del vinculo
indisoluble que une el amor de Dios y el amor del prójimo.
Vuestra
vocación misionera, modelada sobre la vida de los apóstoles,
muestra elocuentemente la belleza de una vida vivida en Cristo
al servicio de los demás. El deseo ardiente que el Cristo sea
conocido y amado tiene su origen en la "fuente de amor" del
Padre, hecho presente en la misión del Hijo y del Espíritu Santo
(cf. Ad Gentes, 2). Esta auto-revelación definitiva de
Dios, que introduce en la historia humana una verdad universal y
ultima, es la razón fundamental por la cual la Iglesia es
misionera por naturaleza.( cf. Dominus Jesus, 5). Empujados por
el amor de Cristo, no podéis callar esta fuente de esperanza y
de alegría que ilumina vuestra primera respuesta a la llamada
del Señor y que ha continuado a fortaleceros en esta vida al
servicio apostólico a los demás.
En un mundo
donde la pobreza, la injusticia, el relativismo moral y el
secularismo oscurecen cada continente, el poder de la Buena
Nueva de Jesucristo permanece siempre liberador. Es precisamente
el testimonio del Evangelio de Cristo que disipa las tinieblas,
la desesperanza e ilumina el camino de la paz, refuerza la
esperanza en los corazones de los marginados y desesperados.
Los hombres y las mujeres que encontráis, de diferentes
culturas y grupos sociales, buscan dignidad y sentido para sus
vidas.
¡Desean conocer
y amar a Jesús que es el Señor! Vuestra alegre fidelidad a
cristo y vuestra proclamación de la Buena Noticia -un testimonio
fundado sobre el mandato de ir y hacer discípulos de todas las
naciones (cf. Mt 28, 19) - ayuda a los demás a ser sus
discípulos. Con ello experimentáis la belleza y la fecundidad de
vuestra vocación misionera.
Queridos
hermanos, la historia de vuestras misiones testimonian
maravillosamente de la fidelidad creativa que habéis manifestado
hacia la intención de vuestro Fundador: evangelizar los mas
abandonados y los más pobres espiritualmente. Dejando la
seguridad de lo conocido para ir hacia lugares y actividades
desconocidas andáis sobre la ruta que Jesús siguió: Un camino de
pobreza y de obediencia, de servicio y de entrega hasta la
muerte ( Cf.: Ad Gentes, 5).
En el momento
que miráis hacia la próxima etapa de vuestra ruta de este viaje,
os animo a reflexionar cotidianamente el misterio de Dios que es
Amor. Permitiros iluminar por su palabra; sed servidores
incansables y fieles de su Iglesia, imitadle en el don generoso
de vosotros mismos hacia los más pequeños de sus hermanos y
hermanas.
Con estos
sentimientos de acción de gracias, invoco sobre vosotros la
intercesión de Nuestra Señora de Fourviere y concedo
voluntariamente la Bendición Apostólica a todos los miembros de
la Sociedad de Misiones Africanas así como a vuestros miembros
asociados y colaboradores.
El Vaticano, el 8 diciembre 2006, Solemnidad de la Inmaculada
Concepción.
Benedicto XVI
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