SOCIEDAD DE MISIONES AFRICANAS

FILOMENE :
EL PESO DE LA TRADICIÓN
 

Antes de ayer me fui a Angankiru. Al llegar la gente se había ido todo esa mañana al campo pues están recogiendo las cosechas de la soja, el mijo, el algodón, en esta época.

Me encontré al catequista y a Filomene Saanwonku. Tanto ella como casi toda la gente de ese barrio de Angankiru son Yendes y no son de esta zona sino que vinieron hace unos años desde Cobly. Ella nació concretamente en Namichaka en 1961. Cobly es una ciudad que está en el noroeste de Benin, un poco más arriba que Nikki pero en la frontera con Togo. Esta gente emigraron para encontrar tierra donde poder cultivar pues por donde ellos nacieron, dicen, que ya no queda mucha, que es tierra mala y hay muchas rocas.

Después de los saludos y repreguntar, tanto ellos como yo, por la familia, el trabajo, la salud, etc., Filomene me dijo que quería hablar conmigo. Quería decirme que se volvía a su tierra natal. Me contó el porqué de su decisión. Fue una conversación larga y cariñosa donde la comprensión y el cariño mutuo era lo que reinaba.

Me dijo que ella vino a esta tierra hace años con su marido y una hija (que ya está casada, con una minusvalía en las piernas y que utiliza unas muletas). Vivían en la misma casa que el hermano de su marido y su familia. Hace un tiempo murió su marido y se quedó “sola”. Hace poco tiempo murió un hijo de su cuñado y éste le acusó y le acusa de haber sido ella quien a matado a su hijo. El hermano de su marido le ha dicho que no quiera volverla a ver en el pueblo y que se marché. Ella tiene miedo de lo que su cuñado pueda hacerle.

El jefe de Angankiru y los jefes de los pueblos de los alrededores han hablado con el cuñado de Filomene para ayudarla y aclarar que ella no ha tenido nada que ver con la muerte de su hijo. Pero este hombre no atiende a razones y no quiere escuchar a nadie.

Filomene a decidido irse de nuevo a Cobly. Allí tiene parte de su familia y piensa que si aquí no puede estar segura y como además no se encuentra contenta, lo mejor es marcharse. Antes de irse me dijo que va a recoger su cosecha de mijo, maíz y algodón. Venderá el algodón y el mijo para sacar algo de dinero y se llevará el maíz. Me dice que para el mes de enero del año que viene habrá terminado de recoger toda la cosecha y que luego se irá. Está triste ante su marcha, pero una cosa que la entristece mucho más es que no pueda seguir el catecumenado que empezó hace tres años y que esta próxima Pascua no estará aquí para bautizarse. Le dije que por bautizarse no habría problema que podía bautizarla antes de que ella se marchara.

Le dije eso no por tranquilizarla, sino porque Filomene es una mujer que ha dado pruebas de una fe ejemplarizante y ha perseverado en el camino del catecumenado hacia el bautismo. Ante una comunidad de gente de etnias diferentes, Filomene ha sido una mujer que ha tratado de unirlos a todos. Así que he decidido escribir una carta para el cura de la misión católica de Cobly y enviársela con ella, donde le diré a Michel L´Hostis (sacerdote y compañero francés de la SMA que trabaja en Cobly) que ha seguido y completado los tres años de catecumenado previos al bautismo, y le pediré la bautice.

Le va a costar marcharse pero sabe, y ella mismo me lo dijo, que en Cobly estará mejor que aquí y además, rodeada del resto de su familia donde recibirá ese bautizo que tanto desea y en el que tanto empeño ha puesto.

Situaciones difíciles de comprender y de aceptar, que hacen a veces que la gente tenga que dejar su casa para buscar otro lugar donde vivir feliz.

 

Antes de ayer me fui a Angankiru. Al llegar la gente se había ido todo esa mañana al campo pues están recogiendo las cosechas de la soja, el mijo, el algodón, en esta época.

Me encontré al catequista y a Filomene Saanwonku. Tanto ella como casi toda la gente de ese barrio de Angankiru son Yendes y no son de esta zona sino que vinieron hace unos años desde Cobly. Ella nació concretamente en Namichaka en 1961. Cobly es una ciudad que está en el noroeste de Benin, un poco más arriba que Nikki pero en la frontera con Togo. Esta gente emigraron para encontrar tierra donde poder cultivar pues por donde ellos nacieron, dicen, que ya no queda mucha, que es tierra mala y hay muchas rocas.

Después de los saludos y repreguntar, tanto ellos como yo, por la familia, el trabajo, la salud, etc., Filomene me dijo que quería hablar conmigo. Quería decirme que se volvía a su tierra natal. Me contó el porqué de su decisión. Fue una conversación larga y cariñosa donde la comprensión y el cariño mutuo era lo que reinaba.

Me dijo que ella vino a esta tierra hace años con su marido y una hija (que ya está casada, con una minusvalía en las piernas y que utiliza unas muletas). Vivían en la misma casa que el hermano de su marido y su familia. Hace un tiempo murió su marido y se quedó “sola”. Hace poco tiempo murió un hijo de su cuñado y éste le acusó y le acusa de haber sido ella quien a matado a su hijo. El hermano de su marido le ha dicho que no quiera volverla a ver en el pueblo y que se marché. Ella tiene miedo de lo que su cuñado pueda hacerle.

El jefe de Angankiru y los jefes de los pueblos de los alrededores han hablado con el cuñado de Filomene para ayudarla y aclarar que ella no ha tenido nada que ver con la muerte de su hijo. Pero este hombre no atiende a razones y no quiere escuchar a nadie.

Filomene a decidido irse de nuevo a Cobly. Allí tiene parte de su familia y piensa que si aquí no puede estar segura y como además no se encuentra contenta, lo mejor es marcharse. Antes de irse me dijo que va a recoger su cosecha de mijo, maíz y algodón. Venderá el algodón y el mijo para sacar algo de dinero y se llevará el maíz. Me dice que para el mes de enero del año que viene habrá terminado de recoger toda la cosecha y que luego se irá. Está triste ante su marcha, pero una cosa que la entristece mucho más es que no pueda seguir el catecumenado que empezó hace tres años y que esta próxima Pascua no estará aquí para bautizarse. Le dije que por bautizarse no habría problema que podía bautizarla antes de que ella se marchara.

Le dije eso no por tranquilizarla, sino porque Filomene es una mujer que ha dado pruebas de una fe ejemplarizante y ha perseverado en el camino del catecumenado hacia el bautismo. Ante una comunidad de gente de etnias diferentes, Filomene ha sido una mujer que ha tratado de unirlos a todos. Así que he decidido escribir una carta para el cura de la misión católica de Cobly y enviársela con ella, donde le diré a Michel L´Hostis (sacerdote y compañero francés de la SMA que trabaja en Cobly) que ha seguido y completado los tres años de catecumenado previos al bautismo, y le pediré la bautice.

Le va a costar marcharse pero sabe, y ella mismo me lo dijo, que en Cobly estará mejor que aquí y además, rodeada del resto de su familia donde recibirá ese bautizo que tanto desea y en el que tanto empeño ha puesto.

Situaciones difíciles de comprender y de aceptar, que hacen a veces que la gente tenga que dejar su casa para buscar otro lugar donde vivir feliz.

                                                             Isidro Muñoz, sma

 

 

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