SOCIEDAD DE MISIONES AFRICANAS

Encuentros: Jeanne    

Muerta por la enfermedad

        

 

JEANNE es una de las muchas personas que ha dejado huella en mi vida y en especial en mi estancia en la Rep. de Benin donde he trabajado durante casi 14 años. Jeanne era una joven muy vivaracha, simpática y de gran educación. 

 

Jeanne pertenecía a una etnia que se llama  Ditamarí y  sus marcas en la cara la delataban. Muchos de esta etnia llevan toda la cara llena de cicatrices, completamente rayada. Jeanne además tenía dos  cicatrices transversales impresionantes.

 

Jeanne nació en una pequeña aldea cerca de Perma, famosa porque se encontraba algo de oro y atraía a muchos buscadores de pepitas.

 

 Mi encuentro con JEANNE se produce  en un supermercado de Natitingou un día que hacía las compras. Ella era la camarera del pequeño bar. Cuestionada por mi cruz y quizás por las formas de vestir Jeanne preguntó:

 

-  Tu eres misionero ¿No?

 

Yo me sentí  un poco al descubierto y le contesté que sí que estaba en Kopargo como misionero y que venía de llevar  unos enfermos al Hospital de Tanguieta.

 

- ¿Puedes ayudarme a mí también? Yo también estoy enferma. 

 

Le contesté que me resultaba completamente  imposible ya que tenía mucha gente enferma en mi parroquia. En un principio pensé que me tomaba el pelo y que sólo quería un poco dinero para otras cosas. Jeanne  se quedó un poco seria pero nuestra amistad nació ese día. Con el tiempo me confió algo más de su vida. Vida dura como la mayoría de todos los de allí.  Así me confió que tenía una preciosa niña de siete años que se le parecía mucho y era fruto de las locuras de 18 años. Eso había transformado completamente su vida. 

 

Los encuentros se fueron sucediendo hasta que un día,  después de mis vacaciones, no la encontré  en su trabajo. Pregunté por ella a la chica que la había sustituido  y ésta me  contesto:

 

- Jeanne está enferma desde hace dos meses y ya no trabaja aquí.

 

Siguiendo algunas indicaciones y después de preguntar a tres personas conseguí encontrar su casa alquilada a las afueras de la ciudad.

 

Al verme Jeanne se puso muy contenta y me acogió con todo lo mejor que tenía. Su estado estaba bien aunque un poco más delgada. Me cuenta que le han dicho los médicos que tiene una hepatitis y que tiene que tomar un medicamento que me enseña en una caja roja. Ese día conozco a Natalie, su hija, que se le parece mucho. Jeanne vive en una casa muy sencilla en una concesión donde viven otras cinco familias. Un pozo agonizante preside el patio. En su casa un mueble y unos sofás hacen acogedor el pequeño salón. 

 

Cuando vuelvo a la misión  se lo comento a mi compañero pues dudo  lo de la hepatitis ya que tiene todos los signos de "la enfermedad" (SIDA), expresión que tenemos para no pronunciar  ese palabra delante de la gente.

 

Mis siguientes visitas confirmaron desgraciadamente  mi diagnostico, pues Jeanne seguía adelgazando por días hasta  tener que quedarse postrada en cama. Nunca perdía la esperanza y me invitaba a pedir por ella. Yo tampoco nunca le insinué nada.  Pensé que ese sería mi trabajo. Seguía soñando en construirse una pequeña casa para ella y su hija con el dinero que tenía ahorrado. Yo para no defraudarla  la decía que esperara hasta que estuviese un poco mejor y que ya veríamos luego. Bien sabía yo  que  ese día no llegaría.

 

Mis pronósticos parecían precipitarse. Jeanne empeoraba por días.  Los médicos se limitaban a  ponerla  suero para que no se deshidratase más  y algún calmante para los dolores.  Unos de las ultimas veces que fui a visitarla me acompañó un compañero y de vuelta, en el coche, le escribió este poema adjunto, versos que dicen mucho.

 

Jeanne murió el 1 Junio 2001 Jeanne me dejó su capacidad de sufrimiento, su esperanza y, sobre todo, su FE.  Un bonito encuentro que nunca olvidaré. ¡Que Dios la ame.!

 

 

 

 

                                                                     Marcos Delgado, Sma

 

  JEANNE 

Que Dios la acompañe,            

que Dios la lleve,  

que Dios la ame. 

Que Él sea su ungüento,

su fuente clara,  

su reposo, 

su horizonte cierto.

 

Que Dios ponga ternura 

 en todo el dolor de su cuerpo. 

Que sea su luz y su vida 

en su noche de ahora

en desaliento.

 

Que Dios la acompañe,            

que Dios la lleve,  

que Dios la ame. 

Que haga estallar primaveras

en lo frío y triste de su invierno.

Y en sus llagas selle Amor,

El amor que ni juzga

ni sabe de leyes ni preceptos.

 

Que Dios la acompañe,  

que Dios la lleve,  

que Dios la ame. 

Y que la cuide

con manos de hermano

hasta el ultimo momento.

             (Paco Bautista)

 

 

 

 

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