SOCIEDAD DE MISIONES AFRICANAS

ELISA :
UNA PUERTA DE ESPERANZA

-   Una cerveza por favor, y para mis amigos: dos refrescos y un zumo.

-     Ahora mismo les sirvo.

 Electrochoc 2000” es un pequeño bar familiar a apenas 200 metros de la Misión de Banikanni. Cuando tengo visita, suelo llevar allí a mis amigos. Conozco al papá, a la mamá y a las hijas, que trabajan de camareras. Tres o cuatro mesas hacen de terraza y dan a un cielo abierto siempre a mil estrellas. En las noches cálidas del trópico es agradable pasar allí un rato de reposo, sosiego y de charla.

 Elisa, una chica de apenas 16 años suele servirnos muy frecuentemente. Nos conocemos, bromeamos, y yo suelo dejarle al final una pequeña propina, lo cual me agradece siempre con una enorme sonrisa en los labios. Por ella he sabido que es católica, pero que su padrastro, el marido de su madre, la obliga a ir a la iglesia protestante “Asamblea de Dios”. Él es protestante. 

Un sábado tarde, mientras preparo la homilía del domingo y confieso a la gente que se acerca al patio de la Misión, veo aparecer a la mamá de Elisa. Quiere hablar conmigo.  

-      Padre Paco, vengo desesperada ante usted, no se me ocurría otro sitio a dónde ir. 

Ella estaba nerviosa, muy tensa. Lo notaba en sus facciones y en su hablar entrecortado. Así que traté de tranquilizarla y la animé a seguir hablando. 

-        Verá, se trata de Elisa. Está cursando tercero de ESO, y le va mal. No la culpo.

Un nuevo silencio cortó su palabra. Yo esperé pacientemente hasta que reanudó su discurso: 

-         Le cuesta mucho trabajo concentrarse en los estudios. Ella es bastante espabilada, muy inteligente, siempre ha sacado buenas notas, pero ahora no hay manera.  

Nuevo silencio. Ella rompe a llorar. Finalmente se calma y prosigue.

 -   Verá, Padre, mi marido, que es su padrastro, le hace la vida imposible. Yo vivo con él desde hace cuatro años. Me tomó como esposa a la muerte de mi primer marido. El también es viudo, y tiene tres hijas. Con el tiempo he descubierto que es un hombre cruel y violento. Nunca le puedes llevar la contraria. Se vuelve como loco. Yo se manejarlo, pero Elisa, la pobre Elisa… y rompió nuevamente en un mar de lágrimas. Yo le alargué un pañuelo que tenía a mano. Retomó aliento y siguió contándome.

-                     Elisa, decía, ¡pues eso!..., que él ha intentado abusar de ella varias veces. Le propone una y otra vez relaciones sexuales Y ante la negativa de mi hija no solo no le dirige la palabra, sino que la obliga a  hacer todas las tareas domésticas y las del bar, sin dejarle tiempo para los estudios. Y ahora se pasa día y noche dándole gritos e insultándola. Y yo no sé que hacer, venía para que me aconsejase, para ver si podemos, entre todos,  ayudarla a salir de casa, y que pueda encontrar una familia que la acoja, y que pueda seguir estudiando, y salir de un infierno que la está consumiendo. 

-       Gracias por vuestra confianza, mamá. Creo que algo podremos hacer. Una situación así no se puede tolerar. Pero antes he de ponerme en contacto con mi compañero Rafael, y con el responsable de la Cárirtas. Si puede, se pasa en la tarde del lunes y hablamos. Y ánimo, mujer, ya verá como todo se arregla.

La mamá de Elisa se fue más tranquila y con la esperanza de que su problema había quedado en buenas manos. Yo me reuní de inmediato con Rafael y el responsable de la Cáritas. Les conté palabra a palabra lo que acababa de escuchar. Quedamos en verificar si era verdad lo que  nos había contado la mujer y luego ya intentaríamos  buscar una solución.

Al caer de esa misma tarde llegó Joel, el responsable de Cáritas. Venía de hacer sus pesquisas. Todo se ajustaba al relato de la mamá de Elisa. Y ahora se trataba de actuar y de hacerlo con rapidez y eficacia. Teníamos que encontrar una buena familia que acogiese a Elisa. Joel se comprometió a comenzar a buscar esa misma noche.

Y la tarde del lunes llegó. Vino la mamá junto a su hija. A mi me acompañaba Joel. Después de los saludos protocolarios abordamos  el asunto que traíamos entre manos. Comencé yo tomando la palabra.

-                    Mamá, tengo buenas noticias. Tanto mi compañero Rafael como la Cáritas parroquial hemos visto la urgencia de hacer algo y estamos dispuestos a ayudar a su hija. Pero tenemos que ver juntos las condiciones y la manera de hacerlo.

-                    Gracias de antemano por acogernos y escucharnos, dijo sensiblemente emocionada la mamá.

Ahora fue Joel el que tomó la palabra. Él conocía muy bien a todas las personas del barrio. Había hecho eficazmente su trabajo. Así que propuso lo siguiente:

-                    Mamá, hemos encontrado una familia que estaría dispuesta a acoger a Elisa. Es una pareja de gente algo mayor. Viven solos. Sus hijos ya están casados y marcharon hace tiempo. Acogerán a Elisa como si de una hija se tratase. Se alegran de poder recibirla y de echarle una mano en estos momentos de dificultad. Ellos son cristianos católicos muy dinámicos y pertenecen a la comunidad de base número dos. Sólo que no pueden hacerse cargo de los gastos de estudio. El dinero no les da para tanto. Se trata de la familia Ajadboni. Quizá la conozcáis.

-                    Gracias, muchas gracias. La noticia es magnífica, intervino la mamá. Conozco a la familia, creo que hasta somos parientes lejanos. Por lo que respecta a los gastos de estudio corren por mi cuenta, por supuesto. Y Elisa también es católica, participará encantada en la misa y en la comunidad de base. La solución me parece ideal. No sé como daros las gracias. Pero os puedo asegurar, que vuestro Dios es bueno, muy bueno. Yo no puedo participar en vuestras Eucaristías a causa de mi marido. Pero de corazón estaré siempre con vosotros. Gracias nuevamente.

Y dicho y hecho. Elisa se instaló a los pocos días en casa de los Ajadboni. La recibieron encantados y no hubo problemas de adaptación ni de entendimiento. Cáritas les pasó una pequeña ayuda durante los primeros seis meses.

 De cuando en cuando Elisa  pasaba por la Misión para saludarme, darme las gracias, y para contarme que las cosas le iban muy bien. Y que ahora podía estudiar y seguir adelante. Si pretenderlo me convertí durante unos meses en su tutor y confidente.

Y al poco tiempo marché a España: junio de 2002.  No volví a saber nada de Elisa. Y el otro día ( febrero de 2006) fui de visita a Banikanni, y  me senté en la terraza del bar “Electrochoc 2000”. Pregunté por la mamá. Cuando ésta me vio se llenó de alegría y no daba crédito a sus ojos. Y entonces me habló de toda su familia, pero especialmente de Elisa, y me contó que estaba muy bien, que había terminado los estudios y que después aprobó unas oposiciones y que ahora trabajaba como secretaria en un Instituto Escolar. Y volvió a darme las gracias por todo lo que habíamos echo por ella. Además, me animó a visitarla:

-                    Vive aquí al lado. Yo os acompaño.

Cuando Elisa me vio entrar en el humilde saloncito de su casa, se abrazó a mi con toda su fuerza:

-                    ¡Es el Padre Paco! ¡Es el Padre Paco! ¡Menuda alegría! ¡Qué sorpresa!

Y sin saber ni cómo ni de dónde, madre e hija me improvisaron una cena por todo lo alto en un abrir y cerrar de ojos. Y entre recuerdos y anécdotas pasamos una velada de lo más delicioso. Y terminamos brindando por Elisa, que había sido capaz de salir adelante, pese a las dificultades, y gracias a la confianza que la mamá había depositado en el Dios de los cristianos: “¡Qué bueno es vuestro Dios!”, volvió a recordarme aquella noche.

No todas las historias terminan mal, y ésta tiene un final feliz y un futuro cargado de esperanza. Y ese futuro, al menos en esta historia lleva el  nombre de Elisa.

                                                        Paco Bautista
 

Encuentros

 

ELISA

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