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El mensaje de Africa a Europa: "No,
gracias" |
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Escrito por Roberto Bissio
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Cincuenta años después que la colonia
británica de Costa de Oro –Ghana, en la actualidad- dijera que "no" a sus
amos coloniales e iniciara el camino de Africa a su independencia
política, los presidentes africanos dijeron a coro que "no" a sus pares
europeos y rechazaron la propuesta de sus antiguos colonizadores de firmar
un pacto de libre comercio entre ambas regiones antes del fin de este
año.
Reunidos en Lisboa, más de setenta líderes europeos y africanos posaron el
domingo para la "foto de familia" protocolar y emitieron un comunicado
conjunto al cierre de la segunda cumbre (la primera fue en El Cairo, en
2000), en el que prometen "construir una nueva alianza política
estratégica, superando las tradicionales relaciones de
donantes-receptores".
Mucho más breve, y con mayor impacto mediático, el presidente de Zimbabwe,
Robert Mugabe, consultado sobre cuál era su mensaje para Europa, no dijo
palabra y levantó su puño izquierdo.
La presencia de Mugabe en la capital portuguesa motivó la ausencia del
primer ministro británico, Gordon Brown, quien quiso evitar ser
fotografiado dando la mano a un violador de derechos humanos.
La mayoría de los mandatarios africanos presentes en Lisboa fueron
elegidos democráticamente en comicios con pluralidad de partidos
políticos, pero Mugabe no es la única excepción a la regla. Para muchos
africanos no es consistente el ensañamiento de los europeos con el ex
guerrillero que lideró la causa de la mayoría negra contra el régimen
opresivo de los colonos blancos en la antigua Rhodesia, mientras que un
dictador como Omar Bongó gobierna Gabón hace cuarenta años con el
beneplácito de las transnacionales europeas que explotan sus reservas
petroleras. El propio "guía de la revolución" Libia, Muammar Gaddafi,
hasta hace poco calificado de terrorista, pudo acampar en Lisboa e incluso
fue honrado con una visita de Estado de cinco días a Francia después de la
cumbre. (Lo de "acampar" es literal: en vez de alojarse en un hotel o en
su embajada, Gaddafi se instaló en una tienda de campaña beduina
custodiada por milicianas.)
En la pulseada diplomática pre-cumbre, los cincuenta y tres mandatarios
africanos se habían puesto de acuerdo en defender el principio de
soberanía y de igualdad entre los estados: "O vamos todos o no va nadie",
dijeron cuando se comenzó a hablar de una posible exclusión de Mugabe. Y
en eso les dio la razón el presidente de la Comisión Europea, el portugués
José Manuel Barroso, quien presionó para que el boicot de Brown no fuera
seguido por los demás gobernantes europeos.
Para la Unión Europea, lo estratégico era no perder la batalla diplomática
con China, que el año pasado celebró en Beijing una cumbre sino-africana.
La potencia asiática emergió como el segundo socio comercial de Africa,
después de Europa, y el primero en términos de inversiones. Y la urgencia
estaba dada por el vencimiento del plazo otorgado por la Organización
Mundial Comercio (OMC) para que Europa ponga fin a los tratamientos
comerciales preferenciales hacia sus ex colonias.
Según una de las resoluciones de la Ronda Uruguay de negociaciones
comerciales que dio origen a la OMC, a partir del 1 de enero de 2008 los
acuerdos post coloniales entre Europa y sus ex colonias por el cual éstas
tienen acceso preferencial a los mercados europeos deben caducar o bien
extenderse a todos los países en desarrollo, en particular a los de
América Latina, según los principios de no discriminación y de "nación más
favorecida".
Para sustituir estos acuerdos, desde hace varios años Europa y Africa
vienen negociando tratados regionales y bilaterales de libre comercio,
conocidos como EPAs por la sigla en inglés de "Economic Partnership
Agreements". El problema es que a cambio del acceso a los mercados
europeos, que era "gratuito", Europa reclama ahora un precio: áfrica debe
eliminar las protecciones arancelarias a sus endebles industrias, abrir
sus mercados a los servicios europeos, a sus inversiones y a la
participación en igualdad de condiciones de las empresas europeas en las
licitaciones de los gobiernos africanos, además de someterse a
obligaciones reforzadas en cuanto a los derechos de propiedad intelectual,
que entre otros efectos aumentarían los precios de los medicamentos. Como
Europa no va a disminuir sus subsidios agrícolas, millones de campesinos
africanos que cultivan para el mercado interno podrían verse arruinados
por la competencia desleal de frutas, verdura, carne y leche importadas.
La minería y el petróleo serían las únicas actividades económicas
sobrevivientes en el continente.
"Es inaudito que la Unión Europea siga presionando a favor de acuerdos tan
injustos que afectarán a los campesinos pobres y socavarán todo futuro
desarrollo de áfrica", dijo a la prensa en Lisboa Amy Barry, portavoz de
la organización humanitaria Oxfam.
"Nadie va a hacernos creer que no tenemos derecho a proteger nuestro
tejido económico", dijo el presidente de la Unión Africana, Alpha Oumar
Konaré, quien acusó a la Unión Europea de emplear una táctica de "dividir
para reinar". Se estaba refiriendo a los acuerdos comerciales bilaterales
"interinos" que la Unión Europea ya ha firmado con una decena de países
africanos y que debilitan a los mercados comunes subregionales y la
posición negociadora de Africa en su conjunto. "Si la debilidad de nuestra
unión es la base de nuestra asociación con Europa, tendremos problemas",
concluyó.
La amenaza de imponer tarifas a los países africanos a partir de enero
estuvo presente en Lisboa, así como la promesa de aumentar la ayuda si las
negociaciones resultaban exitosas. Sin embargo, los abogados africanos
argumentan que de no firmarse un nuevo acuerdo lo que prevalece es el
statu quo, o sea que las preferencias vigentes no pueden ser canceladas
unilateralmente. Y los economistas sacaron sus cuentas sobre la ayuda:
descontando las sumas ya presupuestadas, el estímulo prometido sería de
apenas setecientos millones de euros, a repartirse entre los setenta y
ocho países de Africa, el Caribe y el Pacífico con tratamiento
preferencial.
"El desarrollo de Africa sólo puede venir de una estrategia basada en las
necesidades y prioridades de nuestro pueblo", escribieron centenares de
organizaciones sociales africanas a sus gobiernos en vísperas de la cumbre
de Lisboa. "Este principio no debe ser negociado a cambio de la
continuidad del acceso al mercado de la Unión Europea, especialmente ahora
que hay mercados alternativos creíbles".
Y esta vez el reclamo de la sociedad civil fue atendido: "Está claro que
Africa rechaza los EPAs", dijo a la prensa el presidente senegalés,
Abdoulaye Wade, convertido en vocero de todo el continente. "No estamos
hablando más de EPAs, los hemos rechazado. Lo que queda por conversar es
qué vamos a poner en su lugar".
Ante un "no" tan rotundo y las múltiples referencias a China como
alternativa, la cancillera alemana, Angela Merkel, prometió que durante la
cumbre de la Unión Europea del próximo viernes "vamos a ver si Europa
puede ser un poco más flexible". Más elocuente, el presidente francés,
Nicolás Sarkozy, dijo que Europa no debe "desangrar hasta secarlos" a los
países pobres de Africa.
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