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omos una comunidad de
misioneros católicos provenientes de los cinco continentes. Vivimos en
África desde hace 150 años. Nuestra pasión es compartir la cultura y la
religión de los pueblos en los que vivimos; allí nos llevaron nuestra fe y
nuestra vocación.
Nuestro fundador
La Sociedad de
Misiones Africanas (SMA), nacida en la segunda mitad del siglo XIX, fue
fundada por Marion de Bresillac, obispo francés que trabajó en India como
misionero.
Encontró
muchas dificultades en su apostolado ante la imposibilidad de formar un
clero indígena por las diferencias de castas que dividían a la sociedad.
Tras once años en la diócesis de Coimbatore, presenta su dimisión y
regresa a Roma, donde pide permiso para ir a los pueblos más abandonados
de África. La Congregación para la Propagación de la Fe accede, aunque le
pide que organice un instituto misionero para garantizar la continuidad de
su obra. Tras varios años de esfuerzos encuentra los medios y las personas
necesarias para constituir la Sociedad de Misiones Africanas, una sociedad
internacional de sacerdotes y laicos que viven en comunidad para la
evangelización de África. El 8 de diciembre de 1856, Marion de Bresillac y
seis compañeros confían a la Inmaculada Concepción su proyecto en el
santuario de Nuestra Señora de Fourvière, en Lyon, Francia. Nuestro
fundador llega a Sierra Leona el 12 de mayo y muere de fiebre amarilla el
25 de junio, después de haber visto morir a todos los misioneros que le
acompañaban.
Primeros pasos de Misión
Mientras
tanto, en Lyon, el Padre Planque asume la responsabilidad de gobernar la
nueva sociedad que, en pocos meses, ha perdido a su fundador y al primer
equipo que envió a África. Sin duda, momentos de desconcierto que, sólo
con una fe madura y una vocación sólida, es posible superar. En 1861 se
envía otro equipo, esta vez a Ouidah, en el actual Benín, entre los que va
un español, el Padre Fernández. No faltaron las vocaciones en estos
primeros momentos, a pesar de que la media de vida de un misionero en esta
“costa de los esclavos” era de poco más de un año. Tiempo marcado por el
martirio y la entrega, que estará en el origen de numerosas Iglesias
africanas.
Actividades
Queremos, por
lo tanto, con nuestra presencia, “levantar al hombre africano” para que
viva en libertad y en dignidad. Como católicos, nuestro modelo de persona
es Cristo, por eso trabajamos al mismo tiempo en la evangelización, en la
promoción humana y en el desarrollo. Creemos que ellos deben ser los
protagonistas de su progreso y de su evangelización, de ahí que
insistamos, sobre todo, en la formación de líderes para que
sean
capaces de asumir en sus manos este proyecto. Acompañamos el nacimiento y
la construcción de las comunidades cristianas que son las que, poco a
poco, van transformando su entorno y nuestros corazones con una fe
sencilla y llena de vigor. Igualmente, conscientes de que nuestra labor
misionera continúa en nuestros países de origen, presentamos la Misión,
África, sus realidades y la vocación misionera en nuestra Iglesia local;
apoyamos a las parroquias y a los grupos cristianos en su trabajo de
animación misionera y promovemos relaciones de colaboración y de apoyo con
las misiones, actividades y proyectos a favor de los africanos.
Nuestros objetivos
Nuestro objetivo es responder con
eficacia a la vocación misionera de la Iglesia, principalmente entre los
africanos y entre los pueblos de origen africano.
Nuestro compromiso misionero deriva
de nuestra incorporación a Cristo vivo a través de los sacramentos.
Somos testigos por nuestras palabras
y por nuestros actos del Evangelio de Cristo en su totalidad. Estamos al
servicio del Reino, de la construcción de la Iglesia y de la salvación del
mundo.
Intentamos permanecer atentos a los
signos de los tiempos y a los movimientos del Espíritu en la Iglesia y en
el mundo para responder a las necesidades del momento.
Estamos dispuestos a ir a aquellos
lugares de África donde sea más necesaria la presencia del misionero.
Mantenemos como prioridades la
primera evangelización; la causa de los más abandonados, pobres y
oprimidos; suscitar vocaciones sacerdotales, misioneras y religiosas; la
formación del clero y de los responsables laicos en el respeto a las
diferentes culturas y en un espíritu fraternal.
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